Conectate con nosotros

Columnistas

! NO MÁS VIOLENCIA !

Columnistas

Publicado

en

Por: José Gregorio Hernández Galindo

Es necesario referirnos de nuevo a la inconcebible situación de violencia y crimen que padece Colombia desde hace tiempo, pero con especial gravedad en los últimos años. Se ha incrementado hasta niveles francamente intolerables en 2022. Algo tiene que hacer el Estado al respecto, pues ha perdido el control de una situación francamente alarmante.  

Una vez más hemos de decir que, en nuestro Estado -supuestamente un Estado de Derecho- las normas superiores parecen no existir, y tampoco los instrumentos que el sistema brinda a las autoridades de la República para preservar la vida y los derechos de los asociados. Hoy, más que nunca, se muestra como teórica, burlada e inútil la disposición del artículo 2 de la Constitución, a cuyo tenor esas autoridades “están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares”. 

Según los datos INDEPAZ, en estos meses de 2022 ya van más líderes sociales y responsables comunitarios asesinados que en todo el año 2021: un total de 171. Una cifra que estremece, porque, más que una estadística -como la que podría divulgarse en muchas otras materias- se trata de seres humanos muertos a manos de otros seres humanos, en una ola criminal, sin que sepamos las causas, los móviles, los autores materiales, y menos todavía los determinadores.  

El sicariato ha regresado y con mucha mayor fuerza y capacidad de escape e impunidad. Pero no es se trata solamente de esa modalidad de violencia. Nos alarman y nos duelen sin cesar los feminicidios y los horrendos casos de violencia sexual, tortura y asesinato de menores de edad.  

La violencia es la noticia principal de cada día. Desde temprano en la mañana, los noticieros radiales y las redes sociales registran sin descanso, no uno, ni dos, sino varios crímenes cometidos en distintos lugares de nuestro territorio. Por terribles que sean sus características -como en los casos de “violencia vicaria”, en que un hombre es capaz de matar a su propio hijo para molestar a su pareja-, bien pronto la información es sustituida por otra peor, y los hechos pasan al olvido. Las autoridades ofrecen recompensas, y dicen hacer todo lo posible “para dar con los responsables”. Muy pocas veces lo consiguen, y hasta es muy posible que los sospechosos queden libres por deficiencias probatorias.  

Añádase a todo ello la creciente inseguridad en las ciudades. Ya no es tan solo la amenaza para robar el celular, la bicicleta o el dinero, sino el mortal disparo. Y, por si fuera poco, la intolerancia también termina en crimen. Recuérdese el caso del joven muerto a tiros en Bogotá por haber pisado involuntariamente a su asesino.  

Lo más grave: la sociedad parece acostumbrarse, no únicamente a los crímenes sino a la extendida impunidad. Semejante estado de indefensión de las personas en cuanto a su vida, su integridad, su honor y su dignidad, tiende a normalizarse. Eso es inadmisible. 

El Gobierno, si quiere lograr una paz total, debe liderar una campaña nacional, contra toda forma de violencia.

Sigue leyendo
Haz clic para comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Columnistas

Marchas y Contramarchas.

Columnistas

Publicado

en

Por: Gonzalo Concha.

Cargadas de tigre se cocinan marchas y contramarchas, tanto de derecha como de izquierda; bien para protestar por el actuar y acontecer en el gobierno del Presidente Gustavo Petro; así como otros marcharán, para apoyar su gestión, planes y proyectos; y como si esto no fuera ya preocupante; todo se eleva a la máxima potencia cuando por las redes sociales y con conocimiento de causa y efecto, la cita sería para salir unos y otros, el mismo día, pronosticando así la tormenta perfecta.

Siendo la libre protesta un derecho fundamental (Constitución Política de Colombia ARTICULO 37. Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente. Sólo la ley podrá establecer de manera expresa los casos en los cuales se podrá limitar el ejercicio de este derecho) siempre sabemos dónde inician las marchas, pero nunca sabemos cómo terminan; olvidándonos que también debemos tener como referente fundamental, los derechos de los no marchantes, en su mayoría comerciantes que, por estar localizados en las vías preferidas para protestar, siempre terminan vandalizados y qué decir de cómo termina el mobiliario urbano, que es de todos y para todos; sin olvidarnos que estos eventos siempre afectan significativamente el libre desplazamiento de las personas que deben o que necesitan movilizarse.

Como caldo de cultivo, las marchas y contramarchas, que en poco o nada contribuyen en la consolidación de un País más justo, próspero y en paz; sí contribuyen enfrentando y distanciando a dos Colombias, con dolorosos episodios donde todas las partes siempre salen perdiendo.

Estamos a tiempo para ponernos hielo en la cabeza y sopesar la gravedad de lo que podría suceder con un viento huracanado en contra, cuando la emoción siempre termina derrotando a la razón.

En el Caso particular de Santiago de Cali – con recientes y dolorosas experiencias en esta materia – los daños de todo tipo que estas marchas pueden causarle a la ciudad cuando todo se sale de control, siempre es imposible cualificarlos y cuantificarlos, sobre todo si tenemos en cuenta que la ciudad atraviesa por una de las épocas más difíciles de su historia reciente en todos los campos, pero en particular en el delicado campo de la seguridad.

Hoy, cuando ya se asoma la elección de los alcaldes; en el caso de Santiago de Cali, con una amplia baraja de candidatos, es importante tener en el considerando que no solo debe caber todo el Municipio en la cabeza al candidato, sino que debe generar confianza y respeto por la democracia, así como una reconocida autoridad moral y la experiencia necesaria en el manejo transparente y eficiente de los recursos públicos – hoy de capa caída – esperanzados en un Santiago de Cali, donde todos nos sintamos incluidos, comprometidos y motivados con un llamado al: “SIN USTED; NO HAY UN NOSOTROS”

La prosperidad y la paz de Santiago de Cali, a todos compromete y beneficia; ni uno menos.

Sigue leyendo

Columnistas

LOS MUCHACHOS QUE SE ATREVIERON A DEJAR SUS CELULARES

Leidy Garcia Balvin

Publicado

en

Por: Juan José Hoyos

La historia empieza en los escalones de una biblioteca de Nueva York. Allí se reúnen cada semana unos doce adolescentes que participan de un rito muy particular. Hacen parte de un club. Y buscan liberarse de la dependencia de sus teléfonos celulares y de las redes sociales. Dicen que quieren aprender a usar sus cerebros.
“Estamos aquí todos los domingos, llueve o truene, incluso si cae nieve” le dice uno de ellos al periodista que los acompaña. Cuando han llegado todos, caminan hacia un parque, mientras esconden sus teléfonos. Muchos usan iPhone. Otros prefieren marcas y modelos más sencillos o antiguos. Pero la marca o el modelo de los aparatos no son para ellos motivo de ostentación. Todo lo contrario.
Habitualmente, buscan una pequeña colina alejada de la gente. Entonces empieza el ritual. “Algunos dibujan en cuadernos. Otros pintan con acuarelas. Con los ojos cerrados, uno se sienta a escuchar el viento. Muchos leen. Citan como héroes a escritores libertarios como Hunter S. Thompson y Jack Kerouac, y les gustan las obras que condenan los males que acarrea la tecnología” cuenta el periodista.
Lola Shub, una estudiante de último año de bachillerato, se muestra feliz de haber dejado de usar un teléfono inteligente. “Cuando conseguí mi teléfono tonto con tapa, las cosas cambiaron instantáneamente”, dice. “Empecé a usar mi cerebro. Me hizo observarme como persona. También he estado tratando de escribir un libro. Llevo como 12 páginas”.
La fundadora del club es Logan Lane, una chica de 17 años. Ella dice que durante el confinamiento de la pandemia su apego a las redes sociales se volvió preocupante para ella: “Me consumió por completo”. Para vencer su adicción, borró Instagram, que era la red que más usaba, pero eso no fue suficiente. Entonces decidió guardar su teléfono en una caja.
Logan cuenta que entonces sintió por primera vez lo distinta que era la vida sin un iPhone. “Leía novelas en el parque. Admiraba los grafitis cuando viajaba en metro y conocí a otros muchachos que me enseñaron a pintar con aerosol en los patios de estacionamiento de los trenes de carga”.
Sus padres valoraron su transformación, pero insistieron en que llevara un teléfono de los sencillos, con tapa, para poder comunicarse con ella. Sin embargo, el sueño de Logan es no tener ningún teléfono. “Mis padres son tan adictos a ellos…” dice al periodista. “Mi mamá entró en Twitter y Twitter se apoderó de ella”.
El club fue fundado en el 2021 y lleva el nombre de Ned Ludd, un obrero inglés del siglo XVIII que se volvió famoso por destrozar un telar mecánico para hacerles comprender a sus compañeros los peligros de la automatización y la industrialización. Hoy, el club tiene unos 25 socios.
Apenas acaba la reunión, los muchachos se van por un camino solitario, sin luces, y hablan de poesía, de música y de los males de Tik Tok.
Alex Vadukul, el periodista de 33 años que escribe la crónica, publicada en The New York Times, es uno de los jóvenes reporteros heredero de la tradición narrativa de los grandes periodistas del Times, como Gay Talese, a quien llama “su padre”.
Alex termina su relato contando cómo una estudiante señala el cielo y dice: “Miren. Estamos en cuarto creciente. Eso significa que la Luna se hará más grande…” Luego describe por última vez a los muchachos: “Caminando por la oscuridad, la única luz que brillaba en sus rostros era la de la Luna”.

Sigue leyendo

Síguenos en Facebook

Síguenos en Twitter


Lo más Leído

Copyright © 2023 Totus Noticias. Desarrollado por Totus Agencia Creativa