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martes, diciembre 6, 2022

La casa inundada

Por: Juan José Hoyos

Cuando vi la primera foto, pensé que era de alguno de los tantos pueblos de Colombia que están inundados desde hace meses. Uno de esos caseríos de Sucre, Córdoba o Bolívar situados en La Mojana – junto a los ríos Cauca, San Jorge o Magdalena – cuyos habitantes viven parte del año con el agua adentro de sus casas y donde los ríos no respetan ni las tumbas de los cementerios.

La foto mostraba la sala de una casa con el piso anegado. Recostados contra una pared, como si fueran náufragos rescatados de una creciente, había dos escaparates y una cómoda. Al fondo, había una mesa con un televisor encendido. Dos niños descalzos, montados en un sofá para no mojarse los pies, veían un programa en la televisión como si no estuviera pasando nada.

Más abajo había más fotos: por un pasillo de un hospital inundado, un anciano enfermo, con un pie enyesado, era llevado en una silla de ruedas por un hombre que trataba de prestarle auxilio, con los pantalones arremangados.

Otra foto mostraba un cuarto inundado. Sobre una tarima de madera había una mujer, un niño y una silla. Junto a la tarima se veían ollas, pocillos y otros utensilios de cocina. La mujer trataba de evacuar el agua con una tabla de las que se usan para picar legumbres.

Solo entonces, por el velo largo con que ella cubría su pelo, descubrí que las fotos no habían sido tomadas en Colombia. Leí el reportaje completo. Era de la Bbc. Las fotos eran de un fotógrafo de Bangladesh llamado Jashim Salam. Las tomó en su propia casa y en su barrio. Salam no es un fotógrafo profesional. Comenzó a tomar fotos para documentar los efectos de las inundaciones en su vecindario de Chittagong en 2009. Chittagong es la capital financiera de Bangladesh y su principal puerto en la bahía de Bengala, en el océano Índico. Antes de su independencia, el país era llamado Pakistán Oriental. Está asentado en una llanura de aluviones, en el gran delta formado por los ríos Ganges, Meghna y Bramaputra.

En 2009, como siempre en la época de los monzones, el barrio de Salam se inundó. Pero cuando acabaron las lluvias, el agua siguió subiendo. El sol brillaba y no llovía y muchas casas seguían inundadas. Salam subió el nivel del piso de la casa, pero el agua también subió y volvió a inundarlos. Lo mismo sucedió en otros barrios de la ciudad. Más del 60 por ciento de Chittagong siguió inundado.

Cuando los vecinos empezaron a enfermarse de infecciones en la piel, Salam descubrió lo que realmente estaba sucediendo: antes de llegar a sus casas, el agua procedente del contaminado río Karnaphuli se mezclaba con las aguas residuales de los alcantarillados y con las aguas del mar. Y al mar no lo ataja nada, ni nadie. Por eso decidió irse a Nueva York en busca de trabajo y una casa para los suyos.

“Hoy, la gente ha tenido que aprender a vivir con el agua metida en sus casas: se evita en la medida de lo posible salir con la marea alta”, dice Salam mostrando sus fotos, donde aparecen personas y familias, incluida la suya, en medio del agua, tratando de aparentar que todo está normal.

En la última foto, Salam está sentado en una silla, junto a la puerta de su casa, cargando a su hija. Ha vuelto de Nueva York. A su lado está su esposa. El agua les llega hasta la mitad de sus piernas. Salam dice al reportero que sueña con un futuro mejor para su familia, aunque eso implique tener que dejar su país.

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