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El “Tarzán de la vida real” que pasó 40 años en la selva, fue rescatado y sufrió un trágico final

Cuando Ho Van Lang tenía tres años, una bomba cayó en su casa y mató a sus hermanos, entonces, su padre decidió escapar de la aldea e internarse en la jungla junto a su hijo

Cuando la mañana del 7 de agosto de 2013 Ho Van Lang (44) fue llevado a la aldea, todo le pareció extraño. Había vivido más de 40 años en la selva vietnamita junto a su padre y casi no había tenido contacto con otros humanos. De hecho, no sabía que existían las mujeres.

Su padre se había internado junto a él en la selva cuando Lang tenía solo tres años y desde ese momento ambos vivieron como si no existiera un mundo exterior. Dormían en una casa del árbol, recolectaban frutoscazaban animales y se abrigaban con cortezas de árboles. Hasta que las autoridades fueron alertadas sobre su presencia y decidieron “rescatarlos”.

Inmediatamente la historia de los “hombres de la selva” se hizo conocida en todo el mundo y Lang fue considerado un “Tarzán real” por sus habilidades de supervivencia en la jungla.

A mediados de septiembre pasado, su historia volvió a llenar los medios de todo el mundo luego de que se conociera que murió de cáncer de hígado a los 52 años.

Bombardeo

El padre de Lang, Ho Van Thanh, había participado en la guerra entre Estados Unidos y Vietnam y, después de cinco años, había decidido regresar a su pueblo natal, la aldea Tra Kem, en la provincia de Quang Ngai, para estar con sus cuatro hijos.

Pero en 1972 hubo un bombardeo en la región y su casa fue alcanzada por un explosivo que causó la muerte de su madre y de sus dos primeros hijos, según informó el diario vietnamita Tuoi Tre.

Presa del pánico, Thanh tomó la drástica decisión. Sin organizar una huida ni avisar a sus familiares, el hombre recogió a su tercer hijo y escapó, pero dejó atrás a su cuarto hijo, Tri, que debió ser criado por un tío.

Supervivencia

Una vez que encontró un espacio en la selva que le pareció adecuado, Thanh llevó adelante la tarea de construir un hogar para vivir junto a su hijo, Lang.

En lo alto de un árbol paraguas Schefflera Arboricola, el hombre construyó una “casa del árbol”, similar a un nido de pájaros. De acuerdo con crónicas locales, la casa media 4 metros cuadrados. El objetivo era protegerse contra los animales salvajes que los rodeaban.

Para sobrevivir, Thanh y Lang fabricaron distintos objetos, como cuchillos, hachas, morteros y cestas de bambú, y realizaron trampas y las colocaron alrededor de su residencia.

Durante el invierno utilizaban dos juegos de abrigos hechos con corteza. A su vez, empleaban corteza y hojas secas para hacer ropa y cubrir sus cuerpos.

Entre los elementos que crearon padre e hijo, también había un manojo de espinas de puercoespín y unos pequeños trozos de piel de animal envueltos en una hoja. Según los ancianos de la región, estos elementos eran utilizados a modo de medicina para tratar las enfermedades.

Durante su tiempo en bosque, Thanh y Lang vieron solo un puñado de personas y vivieron de la tierra, sobreviviendo a base de frutas, tubérculos, maíz, verduras, hojas, miel, ratas, serpientes, lagartos, monos y ranas. Además, estaban abastecidos con arroz y semillas de sésamo.

Sin ánimos de volver

Cuando Tri, el hijo menor de Thanh, descubrió que su padre y su hermano estaban vivos, decidió adentrarse en la selva junto a su tío para buscarlos. Pero Thanh no tenía intenciones de volver, de hecho, ni siquiera reconoció a su cuarto hijo.

A pesar de la negativa y el rechazo, Tri y su tío decidieron no abandonar la esperanza y después del reencuentro, solía visitarlos dos veces al año. Llevaba arroz, sal, pescado, aceite y otros artículos para que su padre y hermano utilizaran, aunque raras veces los “hombres de la selva” lo hacían. Tenían su vida en la jungla organizada, planeada y no necesitaban ningún tipo de “ayuda”.

Al recordar aquellas visitas, Tri llegó a admitir: “Cuando visitaba a mi padre y hermano dormía en el arroyo, porque no me atrevía a subir a la cabaña a dormir con ellos, porque tenía miedo”.

Rescate involuntario

A pesar de la negativa de Thanh de volver, en 2013 Tri y su tío decidieron que intervinieran las autoridades. El hombre era mayor y no parecía lo suficientemente saludable como para continuar con ese estilo de vida.

La mañana del 7 de agosto, a pesar de la lluvia y el viento, un grupo de aldeanos y milicianos vietnamitas organizó el rescate. Si bien, durante años, Thanh había buscado la forma de “escapar” de la sociedad, a los 81 años no tuvo más remedio que dejarse de esconder.

Durante la misión, el anciano tuvo un colapso físico y debió ser transportado en una hamaca hasta un centro de salud, donde quedó hospitalizado mientras recibía líquidos y medicamentos. En tanto que Lang fue diagnosticado con fiebre viral.

A pesar de los buenos tratos, ninguno de los dos tenía interés en comunicarse con las personas que los estaban cuidando ni con los aldeanos. A su vez, insistían en que querían volver a la jungla. Por su parte, Thanh no dejaba de repetir: “Extraño mucho la selva, extraño mucho la selva”.

Una vida en comunidad

Finalmente, padre e hijo fueron llevados a la aldea para vivir junto al resto de la comunidad. Incluso, Lang dejó de usar taparrabos y aprendió a vestir ropa.

Según publicó el portal austríaco News, en 2015, dos años después del rescate, un especialista rastreó a Lang y contó su percepción sobre él. “A pesar de poder distinguir entre hombres y mujeres, todavía no conoce la diferencia esencial entre ellos. Puedo confirmar que Lang nunca ha tenido el mínimo deseo sexual y su instinto reproductivo nunca ha asomado en ninguna de sus múltiples facetas”, observó el hombre.

El aislamiento de Lang fue crítico, porque dilató su adaptación social: no entendía del todo el idioma, su único concepto del tiempo era el del sol y le costaba comprender la electricidad. Hasta el hermano de Lang, Tri, confirmó que el “Tarzán real” no comprendía muchos de los conceptos sociales básicos. “Ha pasado toda su vida en la jungla. Entonces su cerebro es como de un bebé”, aseguró.

A pesar de algunas imposibilidades en su desarrollo, Lang es considerada una persona sumamente pacífica.

Si bien en el momento del rescate Lang presentaba fuertes secuelas por su aislamiento, finalmente pudo integrarse a la aldea sin grandes problemas. Según el medio Tien Phonh, luego de varios años dejar la selva profunda para regresar a la aldea el “hombre de la jungla” se fue familiarizando con todo. Por su parte, su padre vivió en la misma aldea hasta su muerte, en 2017.

Una enfermedad mortal

Según el diario Cong An, Lang vivía en la con la familia de su hermano Tri en una casa construida por benefactores y sabía cómo ganarse la vida. Todos los días antes del amanecer salía a trabajar y regresaba luego del atardecer con racimos de bananas que él mismo cultivaba para vender a los comerciantes. A su vez, Lang trabajaba en campos de cultivos de arroz y pesca.

Según relatan, no bebía ni fumaba, aunque era adicto a comer nuez de betel.

Lejos había quedado el “Tarzán real” que se comunicaba con dificultades con el resto de la población. Su hermano afirmaba que podía hablar con todos de forma normal y que su adaptación a la vida en comunidad era un hecho.

Pero en mayo pasado, Tracendió que Lang sufría cáncer de hígado en una etapa invasiva. De acuerdo con los médicos, el avance era tal que la intervención quirúrgica no era una opción.

Desafortunadamente, la familia de Lang no tenía dinero tampoco para el tratamiento que mejoraría sus últimos días. El 13 de septiembre pasado, murió a causa de la enfermedad, apenas ocho años después de ser reintroducido a la civilización.

Fuente: La Nacion

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