Navidad negra

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Por: Jesús Vallejo Mejía

No me refiero a la preciosa cumbia de José Barros que lleva este título y popularizó, entre otros, Carlos Julio Ramírez (vid. Navidad Negra – Folclor – Letras.com; Navidad Negra – Carlos Julio Ramírez | Música Colombiana – YouTube).

Mi comentario atañe a los sombríos augurios de la temporada de fin de año que se avecina, presididos por la información que acaba de suministrar el DANE sobre el decrecimiento de 0.3% que afecta a la economía colombiana en el último trimestre (vid. https://noticias.caracoltv.com/economia/economia-colombiana-entro-en-deterioro-pib-quedo-en-0-3-durante-segundo-trimestre-de-2023-rg10).

Ya Andi y Fedesarrollo venían advirtiendo sobre el estancamiento de nuestra economía, imputable ante todo a la incertidumbre que ha suscitado por desgracia el que hoy por hoy nos está desgobernando (vid. https://www.infobae.com/colombia/2023/02/24/se-esta-frenando-la-inversion-economica-en-colombia-alerto-la-andi/).

No en vano desde las altas esferas gubernamentales se emiten señales negativas que desestimulan a los emprendedores y los obligan a ser cautelosos en el manejo de sus inversiones.

De quien nos desgobierna se ha dicho que es “arrogante, ignorante e incompetente”. Bien convendría añadir que es imprudente a más no poder. Sus salidas intempestivas no tienen la calidad de los impromptus musicales de Schubert o de Chopin, pero obedecen a la definición que ofrece el DRAE: algo que se improvisa y se ejecuta sin plan preconcebido. Es un personaje que gobierna a través de lo que ahora se llama X, lo que sugiere una incógnita. Antes emitía, más que trinos (twitters), graznidos.

Es claro que no pertenece a la estirpe de quienes piensan antes de hablar, pues saben que el hombre es esclavo de sus palabras y amo de sus silencios. La desconexión entre su cerebro y su lengua es patente. Tal vez su lengua, y en el caso de sus comunicados vía X, sus dedos, reflejan el desorden que reina en su interior. La suya es, a todas luces, una mente caótica.

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Piénsese tan sólo en los barquinazos de que da cuenta su manejo de las relaciones internacionales. Condena e insulta sin recato a Netanyahu, a Bukele, a Milei y al que se le atraviese, llevándose de calle todas las reglas de la diplomacia. La política exterior, que debería por lo menos consultarse con la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, la realiza de manera errática e intempestiva, con sus ínfulas de líder intergaláctico que suscitan burla a la vez que inquietud en la esfera internacional.

A nadie escapa, por ejemplo, la importancia de mantener unas buenas relaciones con los Estados Unidos, así sea dando muestras de independencia. Pero la insensata adhesión a la línea de Hamás, que nos ubica al lado de Irán, Rusia, Corea del Norte y China, así como de los fundamentalistas islámicos, no parece que le convenga a Colombia.

La prensa no ha examinado con la atención que merece el documento que resultó de su encuentro con el gobierno chino, en el que adhirió al reclamo contra la independencia de Taiwán, tema sensible como el que más en estos momentos en que se teme el estallido de una tercera guerra mundial (vid. El régimen chino amenaza a Taiwán: el arsenal que utilizó en las maniobras militares en torno a la isla – Infobae; Texto Íntegro de la Declaración Conjunta entre la República Popular China y la Republica de Colombia | Spanish.xinhuanet.com).

Ha condenado a Israel por posibles y cuestionables excesos en el ejercicio de su derecho a la legítima defensa frente a la violenta agresión de Hamás. Ésta no le ha merecido reproche alguno, como tampoco la invasión a Ucrania por parte de Rusia, que, ésa sí, ha producido un genocidio de enormes proporciones. Ya veremos qué dice o calla cuando, Dios no lo quiera, los chinos ataquen a Taiwán.

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Si por esos pagos de afuera llueve, por los de acá dentro no escampa. No sólo nuestra economía está en veremos. Hay algo peor: el orden público. Insisto en lo que escribí hace poco: el orden público está en una situación calamitosa a más no poder, su signo es la anarquía. Vamos camino de sumirnos en un fangal. Ya el lodo se nos sube pierna arriba.

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