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Cultura

Murió Sophia Vari, esposa del maestro Fernando Botero

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Sophia Vari murió a los 83 años, luego de luchar contra el cáncer.

Sophia Vari, artista y esposa del maestro Fernando Botero, murió este viernes 5 de mayo a los 83 años de edad. La artista griega falleció luego de luchar por varios años contra un cáncer de ovario. La pareja duró casada 47 años. En el 2017 ambos visitaron Medellín, durante la administración de Federico Gutiérrez.

De acuerdo con El Colombiano, desde los 17 años quería ser artista y lo hizo realidad. Al maestro Fernando Botero lo conoció en una cena en París, donde conversaron en francés sobre arte, como esposos duraron 47 años de casados.

Sophia Vari era originaria de Grecia, pero tenía la nacionalidad colombiana. Nació en Vari en 1940. Su trabajo artístico se concentró en la pintura, la escultura monumental y los collages en tres dimensiones.

Murió la esposa del maestro Fernando Botero

El maestro Fernando Botero y Sophia visitaron Medellín en el 2017 y recorrieron la ciudad utilizando el Metro de Medellín.

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En una entrevista con El Colombiano en el 2012, Vari dijo: “Me ha hecho una gran impresión porque cuando nos conocimos hace 36 años aprendí una cosa increíble: cómo es de importante tener un amor así por su país. Él verdaderamente tiene un amor profundo por su país, por su región paisa, por Colombia. Ha sido una grata lección para mí. En cualquier parte del mundo donde se encuentre, ya sea París o Pietrasanta, a pesar de que habla varios idiomas, él es colombiano totalmente con acento paisa”.

Fuente: Publimetro

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Cultura

La Despedida de Fernando Botero, en el Capitolio: Colombia rinde Homenaje al Maestro del Arte Universal

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El Capitolio nacional en Bogotá se convirtió en el escenario de un emotivo homenaje al renombrado artista colombiano, Fernando Botero, quien falleció el pasado 20 de septiembre. La nación se reunió para rendir tributo a uno de los maestros del arte universal, cuya influencia y legado perdurarán a lo largo de la historia.

Minutos antes de las 11 de la mañana de este viernes, los restos del maestro Fernando Botero arribaron al Capitolio nacional en Bogotá, sede del Congreso de la República, lugar donde se realizará el homenaje al fallecido artista colombiano. El féretro del pintor y escultor fue escoltado por sus hijos, Lina Botero y Fernando Botero Zea, quienes, visiblemente conmovidos, encabezaron el cortejo fúnebre.

Soldados de la Guardia presidencial acompañaron el recorrido del féretro del artista antioqueño, mostrando así el respeto y la admiración que la nación siente por Botero. Este acto solemne marcó el inicio de un homenaje que conmemora la vida y obra de uno de los grandes íconos de la cultura colombiana.

El féretro del maestro Botero fue trasladado al Salón Elíptico del Congreso de la República, donde permanecerá en cámara ardiente durante tres días, hasta el próximo lunes 25 de septiembre. En ese momento, sus restos serán trasladados hasta la Catedral Primada, donde se celebrará una misa a las 11:00 de la mañana. Finalmente, el ilustre pintor y escultor regresará a su natal Medellín (Antioquia), donde continuará su despedida.

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El homenaje comenzó con unas emotivas palabras del jefe de protocolo de la Cámara de Representantes, Plinio Ordóñez, quien entregó un discurso en honor al maestro Botero y resaltó su contribución invaluable al mundo del arte. «Colombia y el mundo lo despiden con tristeza en el corazón, pero con inmenso agradecimiento por ese legado inconmensurable que deja a la humanidad», expresó Ordóñez.

El presidente de la Cámara de Representantes, Andrés David Calle, y el presidente del Senado de la República, Iván Leónidas Name, también elogiaron la labor artística «universal» de Botero y el impacto que tuvo en el país y en el mundo. Calle señaló: «Hoy nos embarga un profundo sentimiento de nostalgia, pero también de gratitud. De nostalgia por la partida del gran maestro, y gratitud por el gran legado de arte y cultura que nos deja». Name añadió: «Hoy es un día en el que no pudimos cantar la primera estrofa del himno porque estábamos compungidos… un hombre que detuvo al mundo por un instante y no lo hizo con la palabra de la política, sino lo hizo con un pincel y con sus manos».

En un gesto de reconocimiento, los presidentes de la Cámara de Representantes y el Senado entregaron a la familia Botero una moción de duelo como muestra de solidaridad y respeto hacia el maestro y su legado.

Este fin de semana, el cuerpo de Fernando Botero permanecerá en cámara ardiente en el Capitolio, recibiendo la visita de congresistas y ex presidentes, entre ellos César Gaviria. El presidente Iván Duque, quien se encuentra en Buenos Aires, planea despedirse del maestro el domingo en la tarde.

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La presencia de destacadas personalidades, incluyendo a Juan Manuel Santos, en el homenaje subraya la importancia de Fernando Botero en la historia de Colombia y en el mundo del arte. Aunque algunos ex presidentes no pudieron asistir, la nación se une para rendir tributo a un hombre que dejó un legado imborrable a través de sus obras.

La partida de Fernando Botero deja un vacío en el mundo del arte, pero su legado continuará inspirando a generaciones futuras a través de su inigualable talento y su contribución invaluable a la cultura colombiana y mundial. Colombia y el mundo se despiden de un gigante del arte, pero su obra perdurará para siempre.

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Cultura

El regreso recargado de Gustavo Álvarez Gardeazábal

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Hace más de cinco décadas, Colombia se vio envuelta en una espiral de violencia y polarización política que quedó inmortalizada en las páginas de la icónica novela «Cóndores no entierran todos los días». Ahora, en una sorprendente vuelta de página, Intermedio Editores anuncia el regreso recargado de Gustavo Álvarez Gardeazábal con la reedición de 12 de sus libros claves, incluyendo esta obra maestra que sigue resonando en la memoria del país.

Los años trascurridos desde aquel momento pareciera que no le han servido ni a Colombia ni a Tuluá para dejar a un lado el estigma de la violencia que se consolida en estas páginas. La polarización que nos ha alimentado siempre en nuestra vida política, aparentemente se olvidó porque conseguimos con qué reemplazar el enfrentamiento entre liberales y conservadores.

Empero las rutas que hicieron inolvidable al ‘Cóndor’ y que llevaron al país y a las calles y veredas de Tuluá no desaparecieron ni siquiera con la modernización de las armas, las carreteras y la información. En este más de medio siglo trascurrido los colombianos, y los tulueños, encontramos con qué alimentar los odios y las venganzas. Ya no se volvieron a usar los revólveres gigantescos de calibre 38 largo que los pájaros convirtieron en su arma predilecta. También se perdieron en el olvido los carros sin placa que trasladaban a los asesinos y a los asesinados para regarlos por calles y carreteras. Los vehículos en los cuales se trasportaba el terror ya no fueron más las mulas que subían por los caminos entrelazados de las cordilleras nacionales. Tampoco siguieron usándose los cadáveres vueltos teas encendidas encima de caballos como el que lleva hasta Tuluá a Yolanda Arbeláez para que León María Lozano quede espantado para siempre. Pero nos seguimos matando porque el asesinato ha sido una herramienta de vida hasta para los nuevos habitantes de un país que se ha transformado tanto como Colombia.

En estos años, cuando Cóndores se ha consagrado como el libro histórico por excelencia en un país con memoria de gallina, hemos sido testigos de la evolución progresiva de los pájaros hasta volverse paracos, de los guerrilleros liberales a llegar a ser las Farc o los elenos. Hemos pasado de los policías impulsadores de las balas que mataron en estas páginas a Alfonso Santacoloma, al Ejército consiguiendo habitantes de las barriadas para hacerlos aparecer como muertos en combate, como si la contabilización del horror fuera el premio ya no de las diferencias políticas, sino de la exitosa carrera militar. Las guerrillas de ‘Tirofijo’ terminaron siendo un ejército paralelo al constitucional. Los curas dejaron de ser los alentadores de los conservadores galopando camuflados en las sotanas y librando desde el púlpito las batallas contra el comunismo que decretaban desde el Vaticano, para llegar a ser guerrilleros del Eln como Camilo Torres, el cura Pérez o el padre Laín. No hay duda. Colombia se transformó en todos los órdenes y su violencia adquirió más ribetes dolorosos y más ingenio malévolo.

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Las guerras de Tuluá cesaron de ser impulsadas por el apego a las banderas rojas o azules de los partidos políticos para convertirse en negocio no de los latifundistas sino de los traquetos, la nueva clase social que llegó del brazo del afán moralista de los gringos de perseguir la producción de cocaína. El Frente Nacional, que se idearon mágicamente para acabar con pájaros como El Cóndor y restablecer la concordia entre godos y liberales, logró sus cometidos y bañó con perdón y olvido las disputas entre unos y otros porque la fórmula ideada repartía por partes iguales la marrana del presupuesto nacional, departamental y municipal.

Pero como tantas veces ha resultado, el remedio nos generó una enfermedad mayor que hoy día nos azota sin vergüenza alguna y que ha contagiado todos los vericuetos de la vida nacional: la corrupción. Ya hemos llegado a extremos indecibles. Los congresistas son más una cooperativa de contratistas que los representantes del partido político que los respalda oficialmente para que no tengan obligación de constituir costosas pólizas. Por supuesto, la fragmentación partidista es el costo de alentar el esquema de los contratistas. Ya no es la burocracia por la que se mataron liberales y conservadores. Ahora lo que les interesa son las comisiones rentísticas que los contratos estatales dejan para quienes mueven los mismos hilos parroquiales que El Cóndor buscaba preservar.

Probablemente el negocio del narcotráfico alentó esta transformación, pero en el fondo es la eterna repetición de la batalla por el poder que hizo posible que el jefe de los pájaros fuera El Cóndor, y que hayan sido muchos los que prosiguieron por la misma brecha vengativa o envidiosa, movidos por el negocio de las prebendas del Estado, y tan poquitos los que igualaron el accionar de León María Lozano como jefe máximo de las hordas que esta novela le recuerda a la Colombia del futuro.

Biblioteca Álvarez Gardeazábal de Intermedio Editores

Intermedio Editores y Almacenes Éxito se unen para lanzar la Biblioteca Gustavo Álvarez Gardeazábal, que comienza con ‘Cóndores no entierran todos los días’. Son doce de los libros más importantes del destacado escrito vallecaucano, que irán llegando cada dos meses a las librerías y a la cadena de almacenes.

Estos son los títulos de la colección:

• Cóndores no entierran todos los dias
• Las guerras de Tuluá
• Comandante paraíso
• Las mujeres de la muerte
• Pepe botellas
• Dabeiba
• El titiritero
• Los sordos ya no hablan
• El papagayo tocaba violín
• El último gamonal
• El divino

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Tomado de ElTiempo.com

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Cultura

¿Quién era Fernando Botero El Genio Colombiano de las Figuras Voluminosas?

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Fernando Botero, el aclamado pintor y escultor colombiano, dejó una marca imborrable en el mundo del arte con su estilo inimitable y su profundo compromiso con las formas voluminosas. Su vida y carrera son un testimonio de talento autodidacta, viajes enriquecedores y una evolución artística que lo llevó a ser una de las figuras más destacadas del arte contemporáneo. Aquí te presentamos una mirada detallada a la vida y obra de este legendario maestro.

Nacido en Medellín en 1932, Fernando Botero fue el segundo de tres hijos de David Botero Mejía y Flora Angulo de Botero. A pesar de su corta estadía en academias de arte en Madrid y Florencia durante su juventud, Botero se autodidacta y forja su camino artístico desde temprana edad. Sus primeras incursiones en el mundo del arte se manifestaron en las ilustraciones que publicó en el suplemento literario del diario El Colombiano en su ciudad natal.

A los 19 años, Botero se trasladó a Bogotá, donde organizó su primera exposición individual de acuarelas, gouaches, tintas y óleos en la Galería Leo Matiz. Con los ingresos de esta exposición, vivió en Tolú por un tiempo. Fue durante esta época que creó la pintura «Frente al mar,» que le otorgó el segundo premio en el IX Salón Anual de Artistas Colombianos.

Botero luego emprendió un viaje a Europa, donde residiría durante cuatro años, principalmente en ciudades como Madrid, Barcelona, París y Florencia. Aunque se inscribió en academias de arte, su aprendizaje continuó a través de la observación, la lectura y, sobre todo, la creación artística constante. Posteriormente, viajó a México, Nueva York y Washington en una época de creación intensiva y recursos económicos limitados, en compañía de su esposa Gloria Zea.

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A su regreso a Colombia, Botero compartió el segundo premio y la medalla de plata en el X Salón de Artistas Colombianos junto con Jorge Elías Triana y Alejandro Obregón. Su obra «Contrapunto» fue ampliamente elogiada por su vitalidad y alegría.

En 1958, Botero ganó el primer premio en el XI Salón Nacional con su obra «La camera degli sposi,» que hacía referencia a la obra del pintor italiano Andrea Mantegna. Esta pintura marcó un cambio en su estilo y se convirtió en el inicio de lo que se conoce como «boteroformismo.»

Fernando Botero residiría en Nueva York entre 1961 y 1973, y posteriormente vivió en París, alternando su estancia en la capital francesa con largas temporadas en Pietrasanta y su finca en Tabio, Cundinamarca. A partir de 1964, comenzó a explorar la escultura, creando obras como «Cabeza de obispo,» que mostraba influencias de la imaginería colonial barroca.

A lo largo de las décadas, Fernando Botero se convirtió en uno de los artistas más cotizados del mundo, exhibiendo sus esculturas en lugares icónicos como los Campos Elíseos en París, la Quinta Avenida de Nueva York y ciudades como Buenos Aires y Madrid. Su arte nunca dejó de abogar por la justicia y la conciencia social, como se evidencia en su serie sobre las torturas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib en 2003.

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La vida de Fernando Botero es una historia de talento, autodeterminación y una profunda conexión con el arte que ha dejado un legado perdurable en el mundo del arte contemporáneo. Su capacidad para transformar las formas y los volúmenes en una expresión única es un testimonio de su genialidad y su impacto en la historia del arte.

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