La grieta de Urabá – crónicas de Gardeazábal

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Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Según el Servicio Geológico, se registraron por lo menos 8 sismos entre las 10 de la noche y las cuatro de la madrugada del jueves, uno de 6.6 y los otros todos mayores de 3.5 y, muy puntualmente localizados alrededor del punto medido en latitud/longitud 88.5 y 77.14.

Hasta ahora no ha salido el sabio Makario de Pácora a explicarnos qué pudo suceder o cómo se puede explicar el enjambre, pero vino a mi recuerdo una noche de fogata conversada en la playita de Zapzurro a donde habíamos llegado caminando por entre bosques y ruidos caminando desde Capurganá, guiados por Mateo, el indio cuna que Pacho Valderrama, el viejo líder cívico de Urabá, nos había conseguido para que nos acompañara.

Debió haber sido en la década del 70, cuando ya escribía mi columna en El Colombiano y por correo de babas había hecho nexos con gentes de esa para mi lejanísima región y me fui a conocerla.

Aquella noche el indio Mateo me explicó, acariciando la arena con un palito, la leyenda de su gente sobre cómo se habían juntado los continentes al comienzo de los tiempos y cerrado esa grieta que separaba a Suramérica con Panamá.

Los geólogos y los satélites han investigado mucho desde entonces y seguramente ya habrá hasta mapas del subsuelo de esa zona, pero desde aquél día, y mucho más antenoche, me volvió la idea novelística de que por las mismas razones que los dos continentes se juntaron, ahora quisieran desprenderse y, en el colmo de la imaginación, se estuviera empezando a formar otra vez la grieta que uniría al golfo de Urabá y el Pacífico para que al menos los dos océanos se intercomunicaran y, como dicen los que han vivido a la orilla de los grandes ríos, «el agua siempre termina buscando su antiguo cauce».

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Muchas gracias.

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