Un trovador sin corona oficial, pero elegido como Rey del Pueblo en Medellín

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Uno de los eventos más importantes de la Feria de las Flores es el Festival Nacional de la Trova y en el cual participan los mejores juglares del país. Hablamos con uno de ellos sobre la importancia de este Festival.

Desde su natal Granada -tierra de comerciantes al oriente antioqueño- se vino muy pequeño a Medellín en compañía de sus mayores a buscar nuevos horizontes. A los seis años supo que la trova y el humor eran lo suyo y comenzó a trajinar por ese camino. Cuando cumplió los 16 no quiso hacer otra cosa y desde esa época ha ido de festival en festival y de pueblo en pueblo llevando humor, trovando y haciendo de este su estilo de vida.

Su nombre es Diego Alexander Gómez Aristizábal, con residencia en el barrio San Germán -ahí cerquita a la vieja sede del Liceo Antioqueño- vive en unión libre, tiene dos niñas y lleva seis años seguidos siendo finalista del Festival de la Trova de la Feria de las Flores y no lo ha podido ganar. Para quienes no sepan de quien estamos hablando, se trata de Pichingo, un personaje que día a día ha ido ganando presencia y reconocimiento por parte de los amantes a este género cultural.

Llegué a Medellín buscando oportunidades, pero con ganas de volverme al otro día”, nos dice sonriendo. Sin embargo, fiel al espíritu de la gente de su pueblo, se fue involucrando con el comercio hasta que cambió esto por la trova y el humor y en cuanto a su apodo –Pichingo- lo adoptó cuando inició su trasegar artístico. “A mi papá y a mi abuelo les decían los pichingos, entonces decidí cogerlo para mí como homenaje a ellos”.

Su paso por el Festival

Sobre su historia en el Festival Nacional de la Trova de la Feria de las Flores Pichingo nos cuenta que lleva siete años seguidos participando en él y seis como finalista, sin ganarlo. “A mí me debe estar calificando un Pitana o algo así”, en referencia al árbitro argentino tan criticado por el cuestionado gol que permitió en contra de Colombia y que significó que fuera eliminada en un reciente torneo internacional de fútbol.

Pero a pesar de no haber sido coronado rey oficial del Festival, se siente muy congraciado con la vida por haber sido elegido el año pasado como Rey del Pueblo mediante una votación que hicieron de manera virtual, así como fue el evento, sin público presente, por la pandemia. “La gente entraba a un link y ahí votaban; para mí y para el que se vuelva a ganar un Rey del Pueblo este es un título muy especial, porque es que a mí el voto me lo dio el público y en la final había trovadores muy grandes y de mucha trayectoria y saber que yo le gané a ellos ese galardón es demasiado especialLa acogida desde que se abrió la votación fue amplia. Cuando menos pensé le llevaba una ventaja grande al segundo. Gané con un porcentaje muy alto. Fue muy gratificante contar con el apoyo de la gente que veía el festival virtual”, manifiesta orgulloso.

Elogia la grandeza del festival del año pasado. “Fue muy bonito pero la ausencia del público es tenaz, porque el artista vive de eso. Llegamos al extremo de aplaudirnos entre nosotros mismos, porque nada más podíamos hacer, pero no es igual a la sensación con la gente que se levanta a aplaudirnos”.

Su sentimiento y su motivación

Sobre la trova, Diego o Pichingo afirma que es algo que es de momentos y con golpes anímicos buenos y otros no tan buenos. “Hay días en que uno está muy bien y otras en que no y además está muy ligado a la suerte porque depende del tema que te toque o de la variante en la que usted se pueda acomodar, porque, por ejemplo, no es igual el pie forzado a una trova dobletiada”.

Su motivación, en el escenario es la gente.  “Lo que más me inspira es el público, saber que se está divirtiendo y recibir como premio el aplauso, es lo mejor” y a la hora de trovar para él significa “liberarse de muchas cosas, de las tristezas, de los miedos, es tener un exorcismo con uno mismo. Yo me desprendo de todo lo malo y lo bueno”, recalca Pichingo.

El festival más grande

Desde que se inició este Festival, se ha convertido en el más grande del país y así lo ratifica Pichingo. Es el más importante para los trovadores, al punto que vienen de otras ciudades a concursar. Aquí llega gente de los Llanos Orientales, de Manizales, del Valle y otros lugares y no solamente lo hacen por el reconocimiento que hay y por la parte económica, “sino porque aquí los que participan son los mejores trovadores, tienen una gran capacidad y son los mejores del momento; estar ahí entre ellos y ser el Rey Nacional del Festival es ganarse el respeto de todos los trovadores, porque además en el escenario que se hace convoca al público, donde vaya la gente lo busca y lo apoya. Este es el mejor festival de la trova del país”.

Vive agradecido porque sigue vigente, teniendo en cuenta que hay trovadores que ganan y desaparecen del mapa artístico. “Lo que me falta es ganarme este festival, he pasado por todas las etapas y solo me falta ser el rey”, expresa.

Por el momento, este humorista de 33 años se goza la vida al lado de su compañera de vida Leidy Cristina, con quien vive “más arrejuntado que mula de arriero” y con sus pichinguitas: Antonia de un mes de nacida y Julieta de 5 años, herederas de lo que logre en vida.  

Mientras, se prepara para estar de nuevo en la tribuna y empezar a buscar en su mente las palabras y las rimas que le ayuden cuando suene el dicho: “Trove, trove, compañero”.

El Festival Nacional de la Trova Ciudad de Medellín -en su versión número 17- avanza con los debidos protocolos de seguridad, en medio de las limitaciones que impone la pandemia y este año tiene como novedad que por primera vez en su historia llega a los cinco corregimientos de la ciudad, llevando a los territorios el patrimonio histórico y cultural de nuestra región.

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