Un árbol torcido

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Por Jesús Vallejo Mejía

Lo que se vive en la adolescencia y la juventud es, para bien o para mal, decisivo en la edad adulta.

El santoral católico abunda en casos de quienes trasegaron por la maldad en edades tempranas, pero por obra de la gracia enderezaron sus vidas y alcanzaron la santidad. Por su parte, Lee Strobel, quien es hoy pastor protestante y conspicuo apologista de Cristo, trata en “El Caso de la Gracia” sobre personas que iluminadas por la fe superaron estados no sólo de incredulidad, sino de desvíos ruinosos (vid. El caso de la gracia PDF Libro Lee Strobel – Biblio Logos).

Los errores juveniles pueden entonces ofrecer valiosísimas lecciones para corregir caminos equivocados y abrazar sendas edificantes. De ello doy fe.

Sin embargo, hay quienes aparentemente se alejan del delito, pero perseveran en su talante trasgresor. Sus defectos de carácter se mantienen activos, aunque transiten por sendas que lo bordean, mas sin incurrir abiertamente en los desafueros de tiempos atrás. Son astutos y obran con disimulo para eludir las pruebas de sus fechorías. Siguen siendo malhechores, pero con ciertos visos de respetabilidad.

Es de todos sabido que quien hoy nos desgobierna fue en sus mocedades un delincuente juvenil. Aduciendo que le tocaba rebelarse contra un orden injusto, fue autor y cómplice de múltiples desafueros. La cárcel no lo rehabilitó, pues salió de ella para organizar grupos de guerrilleros del M-19 en Santander y Tolima. Vaya uno a saber las hazañas que lo convirtieron, a pesar de su juventud, en uno de los dirigentes más connotados de esa tenebrosa secta. Circulan muchas anécdotas acerca de su crueldad con los secuestrados. Tengo el testimonio de alguien al que le tocó pagarle rescate por un secuestrado cuya vida quedó destruida por los sufrimientos que le infligieron mientras estuvo en cautiverio.

Dados sus antecedentes, es explicable el desdén rayano en odio que profesa para con la fuerza pública de la que hoy es comandante en jefe. La tiene desmoralizada y todo indica que aspira a sustituirla por colectivos como los que apuntalan el régimen dictatorial de Venezuela.

Y es explicable también, por las mismas razones, su condescendencia con los delincuentes de toda laya. Cuando ganó las elecciones abogó por la Primera Línea, que hoy se sabe que estaba infiltrada por grupos subversivos que acolitaban su propósito de derrocar el gobierno de Duque. A todas luces se advierte que la Paz Total que promueve entraña, ni más ni menos, la claudicación de la institucionalidad frente a la delincuencia de todo género. Vaya uno a saber de dónde extrae sus curiosas, por decir lo menos, concepciones criminológicas, como la de pagarles a jóvenes para que no delincan o proteger a los cultivadores de coca, como si no fuera a partir de ellos que el narcotráfico se esté adueñando a pasos agigantados del país.

Todo indica que ya casi somos un Narcoestado, como bien lo muestra el extraño comportamiento del dólar. Su precio no ha bajado por obra de una sana política económica de este gobierno, ni por el flujo de inversión extranjera, ni por un inusitado aumento de las exportaciones lícitas, sino porque no se controla la exportación de coca ni de minería ilegal.

Muchos piensan que estamos bajo el poder de un psicópata. ¿Y si además de ello fuese también un facineroso?

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