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jueves, diciembre 1, 2022

Soy orquidiota

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Hoy que comienza en el orquideorama de Cali la Exposición Internacional de Orquídeas pienso en aquellos remotos días de mi infancia cuando iba a visitar la casa del tío Germán Gardeazábal y lo veía en la mesa de comedor con delantal, tijera de podar en mano, puliendo matas de orquídeas que pegaba con grapas de pedazos de palos de mate para después colgar en el patio en donde una gigantesca jaula, casi del tamaño del patio, acogía a las aves de la región para simular ese alboroto con que debió haberse criado en la casona rural del abuelo , a orillas de la quebrada de La Ribera.

La vida, que se le acabó al tío Germán demasiado rápido por la misma guillotina cardíaca de todos los varones de mi apellido, me impidió recibir sus clases de instrucción sobre el manejo y cuidado de esas plantas que los colombianos siempre habían creído que eran exclusivas del trópico nuestro. Pero como él, con Maruja Saa de Navia y Elly Burckhardt habían fundado la Sociedad Vallecaucana de Orquideología, me abrieron un cupo gracias a la gestión del médico José Antonio González.

Allí aprendí de orquídeas, me metí en los montes que entonces se podía recorrer para identificarlas, conocerlas y cultivar las que endémicamente podía traer a esta finca de El Porce, donde todavía me acompañan aunque les sigo hablando cada que florecen. Leí tanto en las épocas en que no existían los tutoriales del youtube, conversé con tantos sabios en la materia y creía que sabía tanto de esas flores apasionantes que me volví un orquidiota.

Hoy, con tres cuartos de siglo encima, ya se me ha olvidado mucho de lo que aprendí ,ya no puedo salir a montear para verlas en su escenario natural, pero las sigo cultivando contra las rígidas leyes que controlan la orquideología( tengo hasta a un caucho de la Orinoquia donde florecen centenares de ellas).

Tal vez por eso, usando mis tapaorejas contra la hiperacusia hoy acompañaré a los pretorianos que aperturan la Exposición creyendo que todavía estoy tan joven como cuando me regodeaba en las orillas del río Venado en el Huila, lelo, viendo las catleyas en las piedras milenarias y subía hasta las tierras de Tirofijo.

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