PROTESTAS PACÍFICAS

Columnistas
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Por: Raúl E. Tamayo.

Creo que ya había contado que el nueve de abril de 1948, cuando en Santa Fe de Antioquia se supo la muerte del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, los liberales que escucharon por radio la infausta noticia corrieron a la casa de don Anatolio Sepúlveda, jefe del Partido Liberal en esa hidalga ciudad, primera capital del departamento de Antioquia.

–¡Don Anatolio, el país está prendido, mataron a Gaitán! ¡Hay que salir!

Pero Anatolio estaba invadido por la modorra calentana, recostado en su hamaca, a 35 grados de temperatura a la sombra, para salir a las calles, una de la tarde, dijo tranquilo:

–¡Estas no son horas de salir a peliar! Está haciendo mucho calor, esperemos que el sol tolde un poquito.

Pero ahora nos recuerda el columnista William Calderón que el veterano periodista y exparlamentario Alberto Velásquez Martínez cuenta en su libro sobre el 9 de abril, que su abuelo, Don Ramón Martínez Barberi, cuando supo la muerte de Gaitán y la toma de Bogotá, por parte de las hordas liberales, se ciñó su viejo sable, utilizado durante su militancia en la Guerra de los Mil Días, en el Batallón Sopetrán del Ejército Nacional, comandado por el general Rubén Gaviria Duque, persiguiendo al ejército rebelde de los liberales de Uribe Uribe. Y don Ramón armado, se presentó con un grupo de conservadores a la plaza de armas de Santa Fe de Antioquia, mientras los liberales esperaban que Anatolio hiciera su siesta.

Es la misma historia vista desde diferentes ángulos, pero lo que tenemos que destacar, los que podemos manifestar nuestra opinión a los lectores, es la falta de honestidad de los organizadores de las “protestas pacíficas”, convertidas en destrucción, incendios, muertos y heridos, robos a la propiedad privada, bloqueos a la movilidad y al transporte de personas y productos agropecuarios e insumos industriales.

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Entendemos y defendemos el derecho a protestar, pero también el derecho al trabajo, a la movilidad y el transporte, a la propiedad privada, al respeto.

Algunos ciudadanos marcharon organizadamente en contra de un proyecto de ley condenado por inoportuno e injusto, a su fracaso. Pero las fuerzas comunistas, patrocinadas desde el extranjero y acogidas por los comunistas criollos y “respaldadas” por el silencio de las centrales sindicales y Fecode, se convirtieron en la destrucción de negocios, bienes públicos como el Metro, cámaras, semáforos, bancos, almacenes de superficie y otros, asaltados y destruidos.

El dirigente sindical Mario de Jota Valderrama me dijo que se sentía defraudado: “No hay derecho Raúl, asaltaron instituciones cooperativas, y los organizadores de las ‘marchas pacíficas’ no protestan. Eso va en contra de nuestros principios sindicales. Eso es casi cohonestar con los destrozos”.

Ñapa: Repudiamos la posición de la representante de los Derechos Humanos de la ONU que le pide protección para los vándalos destructores heridos, al gobierno colombiano. ¿Por qué no protestó por los policías muertos y heridos a mansalva, quemados y apuñalados? Apoyamos la protesta de la senadora María Fernanda Cabal.

Ñapa 2: Destacamos el triunfo aplastante de la Derecha en Madrid, donde las fuerzas del PP de Isabel Díaz Ayuso obtuvieron la mayoría. Esperamos lo mismo aquí.

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