Por el filo de la navaja – Crónicas de Gardeazábal

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Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

El mundo puede estar caminando desde el pasado sábado por el filo de la navaja, pero como la intercomunicación es tan mayúscula, podemos estar acercándonos peligrosamente a una deformación de la realidad. En vez de buscarle una salida al atolladero, preferimos juzgar con exageración para llamar culpables o víctimas equivocados o acertados a los actores del conflicto.

La batalla horrorosa que se ha vivido en Israel en inmediaciones de la franja de Gaza puede ser históricamente explicable, pero no deja de ser una jugada miserable de la geopolítica dominante en el mundo actual. La garrafal equivocación de las pretenciosas fuerzas del Mossad, el servicio de inteligencia judío, incapaces de advertir la planificación al detalle de Jamás para causar el mayor daño, es solo comparable con el silencio que rodea el fracaso del tantas veces admirado Esculantiadh. Pasar miles de misiles desde Gaza.

La dañina estupidez de Jamás, amparándose en el remoquete de palestinos para poder batallar con crueldad a nombre de un pueblo sufrido, es tan imbécil como la de pensar que un grupo minúsculo de curtidos terroristas puede librar exitosamente una guerra abierta sin armas y sin gente contra un pueblo que cambió el sufrimiento por la defensa armada de su integridad.

Pero lo grave no es lo condenable que hemos ido conociendo en detalle que ha sucedido grave, la convocatoria a la venganza que todos los judíos del mundo piden y la condena tácita a los 2 millones de palestinos que tratarán de sobrevivir aislados en Gaza sin agua, sin luz y sin comida. Más grave sería dejar contagiar al resto de los árabes de que esta guerra es contra ellos, y tal vez gravísimo que quien vaya a pagar el pato de este acumulado de torpezas vayamos a hacer el resto del mundo viendo cómo nos precipitan en una crisis económica feroz, con recesión tocando la puerta, el petróleo por las nubes y el fantasma nuclear rondando entre Jerusalén y Teherán.

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