Pausa Espiritual – Redes

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Por: Pbro. Diego Alberto Uribe Castrillón

No faltará quien piense en la rara velocidad de los días al darse cuenta de que ya casi se acaba el primer mes de este año. Es la loca carrera del tiempo que termina oprimiéndonos en las manecillas del reloj y haciéndonos actuar al ritmo del segundero. Menos mal que cada domingo se nos permite hacer una pausa que afortunadamente tiene una luz en lo que se nos quiere compartir en la Palabra que se proclama en las celebraciones y que se vuelve la voz del Maestro que encontramos hace ocho días y en cuya escuela serena y sapiente podemos reposar un poco al tiempo que encendemos luces para nuestro camino.

Y, justamente hoy ese Rabí va a la orilla del mar de Galilea y escoge sus seguidores. Es un método curioso porque en este mundo en el que vivimos la gente se va adhiriendo a quien le place, a quien le ofrece maravillas, a quien le presenta atractivas propuestas y halagadoras promesas de fama, gloria, fortuna y honores que no tardan en provocar un fenómeno que por estos días revela la vanidad de las cosas: la decepción ante las promesas incumplidas y ese aterrizaje forzoso en la dura realidad en la que encontramos que las bellezas ofrecidas con tanta prodigalidad no se van a poder cumplir porque no hay cómo, porque no hay con qué, porque “no dejaron nada”.

Por eso la forma de acción del Señor es tan curiosa y debería servir de modelo a tantas acciones humanas. Cuánto aprenderíamos de estilo didáctico de la Revelación Divina sin en vez de desesperarnos por ofrecer complejos contenidos y teorías densas cuajadas de fórmulas irrealizables nos concentráramos en modelar seres humanos más humanos, más cercanos a la realidad de este tiempo, más comprometidos con la construcción de una sociedad que tenga como referente ese modelo que nos deja el Señor: escoger con amor, formar con paciencia, probar en la virtud y luego enviar a sus seguidores a lanzar las redes, incluso ahora las que la tecnología ha desarrollado, para ofrecer al mundo un modelo de humanismo que forma y que educa de verdad.

El Rabí de Galilea, bien distinto de los que por aquellos tiempos pasaban sus días fiscalizando la conciencia de la pobre gente, no ha cesado de proponerle a la humanidad una verdadera pedagogía existencial.

Lo que van a aprender los pescadores de Galilea es una sabiduría que trabaja con el ser y no con el tener, que diseña la conciencia a partir de virtudes evitando que nos convirtamos en unos monstruos destinados a consumir, a vivir en la irracionalidad, a convertirnos en lacayos y esclavos de unos falsos liderazgos que viven sin amor, que manipulan, que embrutecen, que afilan las uñas de sus adeptos, que les arrebatan a nuestros jóvenes el pincel que reproduce la belleza y el arco de los violines para entregarles unas lanzas afiladas y unas teas encendidas que todo lo destruyen y que terminan consumiendo a los que cambian el argumento y la proposición por la violencia y por la venganza, por el odio y el resentimiento.

Es por eso que la historia de unos pescadores que dejan sus redes, que cambian sus barquitas por las sandalias de los peregrinos logró transformar la historia, así algunos quieran ignorar y hasta borrar de la crónica universal de la esperanza lo que pudieron hacer en el corazón del mundo unos pescadores acompañados por un maestro nuevo que no solo curaba enfermos sino que enseñaba a iluminar, que enseñaba a enseñar con ejemplos vivibles, que sí sabe construir la paz, que sí sabe que para que todo pueda cambiar lo primero que hay que remodelar es el corazón.

En estos días, el sucesor de uno de los pescadores que Jesús llamó hace como dos mil años, le recordaba al mundo en el Foro que hicieron el algún lugar de Suiza que lo que vale es la vida humana, que lo que cuenta no es ese despilfarro inhumano de los recursos y de los bienes y la horrorosa idolatría de la violencia sino la urgencia por establecer lazos más fraternos, compromisos concretos con una humanidad que tiene que construir vida donde tantos siembran muerte, que no puede seguir pensando que la paz es un memorial de agravios que vuelve a abrir las heridas sino que el sueño de un mundo sin guerra se puede lograr cuando el corazón se cure de tanta rabia y de tanta venganza.

Cambiar las redes que atrapan por lazos de esperanza fue lo que quiso enseñarnos Aquel que les cambió el camino a sus primeros seguidores. Ah dicha, que cuando los oficios humanos sigan avanzando en sus duras tareas nos encontremos en cada lugar y en cada corazón con un sembrador de esperanza y no con un francotirador de amarguras. Todo puede ser nuevo si queremos.

Pausa en la Pausa

No dejemos que se nos dañe el alma con el vinagre del desamor; no volvamos a sembrar zarzas donde deben crecer los olivos de la esperanza. La vida nos mostrará que El Señor de la paz tenía razón.

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