Pausa Espiritual – Comenzando

7 Min Lectura

Por: Pbro. Diego Alberto Uribe Castrillón

En esta semana en la que “todo vuelve a la normalidad”, como se oye decir, el recomenzar de tareas y de actividades nos encuentra medio de una compleja situación que envuelve al mundo y a la patria en un mar de confusiones que tienen el mismo origen y la misma causa: la terquedad del corazón que no acierta a encontrar un norte y que desgasta su vida navegando en esta tempestad con las velas rotas y con la brújula descompuesta.

Y cuando se dejan atrás los asuetos navideños y las jornadas de año nuevo en la Palabra Divina que se proclama en este domingo nos cuentan algo que ojalá nos pudiera pasar a todos en este momento de la historia: hallar un maestro, un rabí, que no solo nos diga dónde vive sino que nos enseñe a vivir y nos matricule en su escuela de prudencia y de sabiduría, de virtud y de esperanza.

Cuenta el Evangelio que unos seguidores de Juan Bautista vieron como su maestro les mostraba un personaje que llamó Cordero y que empezaba justamente en aquellos tiempos a ser conocido como maestro. Aquellos seguidores del Bautista, maestro muy particular en sus modos y metodologías, terminaron sabiendo dónde vivía en nuevo Rabí, no sin antes constatar que la casa no era del todo suya, el aula para las lecciones sería una permanente caminata y sin muchos esquemas argumentativos, solo una que otra frase admirable y simple y siempre, por fortuna, un ejemplo novedoso: el maestro tenía más que una sabiduría, El todo y todo él era una enseñanza que terminó siendo eterna y permanente.

Pues bien, aquellos discípulos luego trajeron a otros y finalmente se armó una escuela sin aula con una permanente invitación a vivir antes que a memorizar argumentos, a concluir verdades y a acoger una enseñanza que tenía como fuente inagotable uno corazón y no una estantería de volúmenes. Su Palabra es tan simple, su enseñanza goza de llevar a lo inefable y de iluminar nuestras honduras con una luz diáfana y sublime que redime, santifica, dignifica y todo lo llena de paz. Ah dicha entrar en aquella dinámica pedagógica de testimonios y experiencias, ah dicha que en esta hora pudiésemos seguir un Sabio y no tener que estar aguardando el errático mensaje de la improvisación y el extravagante discurso “cantinflesco” de quienes hablan de todo, se citan a sí mismos, a veces no alcanzan a dar la lección o la dan tan mal dada que todo el ágora o el areópago no sabe si reír o llorar, temblar ante el huracán de insensateces que se oyen, se ven, se sienten.

Es este el punto complejo con el que, al recobrar la normalidad, mañana tendremos que repensar la vida mientras va y viene el sacudidor que desempolva los equipos de trabajo, porque así como estamos en esta patria amada nos descubrimos sin horizonte, sin focos, sin paradigmas de sensatez y de cordura. No faltará quien en esta hora aciaga concluya con aquello que se cantaba en otro tiempo: “lo que pasa es que la banda esta borracha” y en ese estado lo que suena no se sabe si es tango o milonga, contradanza o bambuco.

Vienen por la trocha unas cosas muy raras llamadas reformas que se quieren saltar los peajes de la cordura y de la democracia, vienen por la trocha una avalancha de errores, de impertinencias, de efímeras propuestas que no aciertan, que no se dejan analizar porque son una especie de masa coloidal que se desparrama, que no cuaja, que no resuelve, que no acierta con nada, que como también suele ocurrir en otras realidades termina sumergiéndonos en una lucha despiadada, en una desarticulación total, en un caos que cuesta recursos, que atrofia las vidas, que pone a todo el mundo en una pista de patinaje en la que unos caen estruendosamente sobre el hielo mientras que algunos no saben siquiera zafarse de alguna baranda y permanecen haciéndole reverencias a algún oso polar que uno no sabe cómo sobrevive en el trópico de unas mentes acaloradas.

Habrá que volver al Maestro que encontraron los discípulos de Juan. Ellos tuvieron la fortuna de saber qué quería Dios de nosotros y cómo la vida se ilumina cuando a la fe, que no es un instinto natural sino un don, nos vaya recordando que la navegación que nos espera tendrá olas y huracanes pero que lo que está firme ni se cae, ni se esfuma, que la gloria del arquitecto es cuando ve que lo que salió de su mente no es una ramada sino un palacio con bases pensadas por ingenieros prudentes, con fachadas que revelan la potencia estructural, con acabados que no hacen otra cosa que pulir la obra que Dios comenzó y que con su libertad nos la entregó para que hiciéramos de la vida no un mar de incertidumbres sino una copa colmada de sapiencia y sabiduría, de verdad y de belleza, de bondad y de alegría.

Pausa en la Pausa.

Quien escribe sabe que este domingo hay un signo que muchos recordarán con afecto y podrán seguir por los medios: en una tierra muy bella, justo en las primeras jornadas del año, Jesús Caído atrae a miles de peregrinos que le celebran y honran con fe. Hoy le pedimos al que levanta a los caídos que nos ayude a sacar del caos esta Colombia amada y le conceda a este pueblo la dicha de poder avanzar en la historia, de alcanzar una paz sin sombras, de encontrar el verdadero camino de la verdad, de la virtud, del progreso y de la esperanza.

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