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Para prevenir anarquía, es tiempo de rectificar

Por: Carlos Arturo Rodriguez Diaz

La crisis sanitaria exigió aumentar el papel del Estado y, por tanto, los demócratas apostamos porque la esencia democrática de los gobiernos se fortaleciera para encarar, con el mayor consenso la solución de la pandemia, so pena de fracturar Derechos Humanos, Constituciones, Convenios o Tratados Internacionales.
Sin embargo, ahora la democracia podría estar en peligro porque en varios países, con la urgencia de controlar la pandemia, se decretaron medidas que van desde la emergencia nacional, estado de excepción, toques de queda y hasta controles militares, haciendo que algunos mandatarios acaparen más poder para desconocer derechos ciudadanos.

La mayoría de los gobiernos en la Región, no discuten los decretos con los otros poderes del Estado; ni siquiera con el Legislativo y se aprovechan de la lentitud de las Cortes para ejecutarlos sin discutirlos con los afectados. Sin duda, hay que mantener el adecuado equilibrio entre las preocupaciones por la salud pública y el respeto de los derechos y libertades democráticas; pero también, es necesario garantizar que la Democracia no se convierta en víctima silenciosa de la pandemia, anulando el diálogo social y las necesarias consultas.

En tiempos de crisis, las medidas económicas, políticas, ambientales o laborales, deben ser concertadas entre gobiernos, gremios empresariales y sindicales, academia y la propia sociedad civil, porque las acciones a implementar deben fortalecer la democracia y de ninguna manera, erosionarla; hoy sendos estudios afirman que varias de las normativas expedidas, se distancian de las Constituciones, dando cabida, a la vulneración de los derechos sociales.

En contraste con esta forma de hacer política, comentan que la Canciller de Alemania Angela Merkel, cuando inició la pandemia, de inmediato convocó una especie de gobierno paralelo, integrado por diversas fuerzas políticas, científicas y sociales para abordar de conjunto el gran desafío de conjurar la crisis sanitaria. Cuando hay credibilidad en un gobierno, surgen coaliciones que alían partidos de ideologías contrarias y se posibilita la estabilidad institucional, porque los votantes se ven representados en el gobierno.

También es bueno recordar que, las decisiones tomadas por Claudia López como alcaldesa de Bogotá, contenidas en el decreto 090 del 19 de marzo del 2020, que convocaron a un simulacro obligatorio de cuarentena, fueron el resultado de un ejercicio democrático de protección de vida y de aprendizaje colectivo. En aquella oportunidad, la alcaldesa, puso en línea el borrador de decreto para recibir sugerencias sobre cómo mejorarlo y se recibieron 6000 correos, que dan cuenta de la eficaz participación ciudadana.

Hoy, cuando se vuelven laxas las medidas de confinamiento, muchos gobiernos y empresarios priorizan revitalizar solo el crecimiento económico, garantizando que toda empresa que pueda reiniciar sus actividades lo haga, minimizando las cicatrices socioeconómicas de la crisis.

Lo real es que los problemas sociales, políticos y económicos que tienen los países de la Región, subyacen en la crisis de la pandemia; por eso, se equivocan quienes consideran que el coronavirus ha enmudecido de manera permanente la protesta social. El aislamiento sin subsidios está generando un malestar social que da lugar a protestas ciudadanas en forma de bloqueos, cacerolazos o denuncias en las redes sociales y los trapos rojos en las ventanas de las casas, se han convertido en un símbolo de protesta para pedir auxilio contra el hambre y el desempleo.

En Estados Unidos, la injusticia social y el racismo se mezclaron explosivamente con la crisis del coronavirus, para generar la movilización social más grande en la historia de ese país.

Por lo anterior, es tiempo que los gobiernos fortalezcan el dialogo y los consensos con el Legislativo, las organizaciones empresariales, sindicales, académicas y de la sociedad civil, para encontrar respuestas urgentes a las demandas sociales, que demuestran que las razones de las movilizaciones del 2019, siguen presentes en América Latina y que es tal, el nivel de indignación, que resulta imperativo que la protesta social encuentre canales democráticos para expresarse y sobre todo, acuerdos y soluciones a corto, mediano y largo plazo, para prevenir que la anarquía cunda en el ambiente, con las nefastas consecuencias que ello traería para la democracia.

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