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jueves, diciembre 8, 2022

Palabras del Presidente Gustavo Petro en el aniversario número 103 de la Fuerza Aérea Colombiana

En este campo aéreo, indudablemente festejar más de un siglo, 103 años, con las tantas generaciones que deben haber pasado en ese lapso de tiempo, de una institución que representa en el fondo, quizás, uno de los más antiguos, ancestrales deseos de la humanidad.

Quizás en el primer ser humano en esa cadena de la vida del planeta, que pudo llamarse a sí mismo, reflexionar sobre sí mismo, inaugurando algo que todavía es único en lo que hemos podido conocer, y máximo, la inteligencia humana, en medio de la eternidad, quizás solitaria, quizás acompañada, de lo que significa la eternidad, el universo, la energía infinita, la fuerza; Dios, diría nuestro monseñor (Víctor Manuel Ochoa).

Ese anhelo de ese primer ser humano, de esa primera existencia de la humanidad, siempre fue hacer lo que otras especies hacían: volar.

Nos ha acompañado siempre ese sueño. Despiertos o dormidos, hombres y mujeres hemos querido volar.

Volar suena a libertad, volar sueña a romper cadenas, volar sueña o significa desintegrarse en la luz infinita y terna.

Volar hacia arriba y más allá, decía la película; volar hacia donde está la oscuridad, pero también las luces. Volar hacia dónde está el saber.

Ayer, en el acto de condecoración, de premios de la prensa nacional, hablábamos de ese objetivo del saber, que si se alcanzarse por completo el saber absoluto, dejaríamos de ser humanos.

Porque la humanidad se construye es en un punto intermedio entre el saber y la ignorancia. Allí donde la confianza es posible, allí donde, porque existe la confianza, pueden existir las relaciones, entre seres humanos.

Y allí, porque existen las relaciones entre seres humanos, puede existir el amor.

Saber todo es como volar y en ese deseo de querer volar está también el deseo de querer saber todo que será finalmente inalcanzable.

Esto conmemoramos hoy. 103 años de ese sueño. Fuimos el primer país en donde se inauguró en el mundo una flota de aviones y una empresa con capacidad de vuelo comercial.

Éramos vanguardia de la humanidad en ese entonces. No pensábamos que los colombianos no podíamos y que Colombia estaba condenada per se al atraso, a estar detrás de los demás, a no poder ser vanguardia de la humanidad.

Y, sin embargo, allí lo fuimos en la ciudad de Barranquilla, en donde desemboca el río Magdalena, el gran eje central de la civilización en nuestro territorio.

Y no solamente fuimos vanguardia en la aviación. Fuimos vanguardia en la radio, fuimos casi que vanguardia en la televisión, fuimos vanguardia en la salud pública.

El primer hospital de America se construyó aquí en este lugar. Y, a partir de ahí, el primer ejercicio de la salud pública de toda America.

Hemos sido vanguardia en muchos temas.

Y es la hora que ese espíritu que no nos condena a ser colonia, ese espíritu que no nos condena a pensar que siempre estamos atrás, que somos menos, ese espíritu tiene que ser abandonado por el espíritu de que somos parte de la humanidad, por tanto, parte de sus sueños y, por tanto, que podemos ser vanguardia y no retaguardia.

Que no estamos atrás, que podemos estar adelante y más allá; que podemos llegar a las fronteras y superarlas cuando se trata del pensamiento, cuando de trata de la ciencia, cuando se trata de la innovación, cuando se trata de la creación.

Y, en cierta forma, esto que podría ser el espíritu verdadero de una nación, de la construcción de una gran nación, pues se refleja también en estas instituciones del siglo, porque quienes la fundaron, querían estar adelante.

Y quizás los herederos no fueron tan capaces de esos sueños de estar adelante, pero un siglo después, ahora, nos corresponde a nosotros ponernos a la altura de esos sueños y estar adelante.

Adelante significa varias tareas concretas e inmediatas.

Reforma tributaria

Hoy se aprueba la reforma tributaria, esperamos.

Por primera vez en muchas décadas hablamos de ponerles impuestos a las capas más ricas de la población para financiar los gastos y las inversiones en la población más pobre del país.

Ese flujo de nuestra riqueza nacional a través del impuesto y del gasto social es un camino hacia la Justicia, hacia que Colombia no sea uno de los países más desiguales de la tierra. Eso se aprueba hoy.

El Congreso de la República otra institución del siglo, no tan prestigiosa como ésta, ha tenido sus más y sus menos, y sus épocas de grandeza y sus épocas de pobreza espiritual absoluta, esa institución hoy puede demostrar que está al servicio del interés general y no del particular.

Que está al servicio de quienes más lo necesitan y no de los que menos necesitan del Congreso. Que está al servicio de la Justicia.

Nuestro programa de Gobierno es un programa de las justicias.

La Justicia como tal, la justicia ambiental, la justicia social. Solo esa conjunción de justicias en la práctica puede a ser de Colombia una Potencia Mundial de la Vida, y para ello, hay que financiar y para ello hay que crecer económicamente.

El impuesto en sí mismo no genera riqueza, a menos que se invierta en la producción, pero la producción si genera riqueza. No hay otra fuente de la riqueza humana que el trabajo.

Y el trabajo en el siglo XXI así lo ha sido desde el comienzo, pero esta vez más, implica conocimiento. El trabajo es cerebral más que muscular. El trabajo es más del cerebro y del corazón que del músculo.

Y el trabajo en Colombia necesita, como el conocimiento, expandirse. No en horas de jornada de una persona, que deben disminuir, sino en el volumen del trabajo nacional cada vez más productivo a partir del conocimiento aplicado, que no es más que la ciencia aplicada, que no es más que la tecnología.

Por eso a esta institución, vamos a demandarle varias tareas. Una tarea centrada en la industrialización de Colombia.

En mis pasadas intervenciones en otras ceremonias y rituales similares a este he hablado del papel que debe cumplir la Fuerza Pública colombiana en el crecimiento de la riqueza en Colombia.

La paz social

Cuando estamos en guerras, cuando la violencia nos ahoga, como nos ha ahogado prácticamente en los dos últimos siglos, la guerra perpetua que llamo, de guerra civil en guerra civil por decenas de guerras en el siglo XIX y comenzando el XX también, y durante todo el ciclo XX y comenzando el XXI también, y ya va un cuarto de siglo y seguimos, esas guerras no hacen más que destruir la nación, que impedir la construcción de una nación.

Guerras entre nosotros mismos, que es peor, autodestruyéndonos como sociedad.

Ponerle fin a la guerra es un objetivo nacional, por tanto. Es la nación la que reverdece, la que se revitaliza, la que se agranda si acabamos la guerra.

La Paz Total, que llamamos, es el final de la guerra perpetua.

Sí tiene un final, cuando más allá de las normas, de los procedimientos, de las técnicas de un proceso de paz, difícil y complejo, diverso y variado, porque nos enfrentamos nada menos y nada más con palancas de control que ya no están en Colombia y que tienen que ver con la codicia humana, y que se establecen, por ejemplo, en el gran mercado mundial de los narcóticos, de la ilegalidad, que produce el empoderamiento de las mafias.

A pesar de esa complejidad, si somos capaces, la paz total no es más sino el gran perdón social de toda la existencia humana que habita en este territorio.

La paz social no es del Estado, no es de las normas, como se confundió en campaña electoral. La paz social es y el perdón social es de la sociedad y exclusivamente de la sociedad.

Y solo puede inaugurar y finalizar algo: finalizar la guerra perpetua de Colombia de dos siglos e iniciar una era de paz en Colombia.

El papel de la Fuerza Pública

Si vamos a iniciar una era de paz en Colombia, ¿cuál es el papel de la Fuerza Pública colombiana?

El papel de la Fuerza Pública colombiana se va centrando –y así debemos comenzar a construirlo, ya viene, no partimos de cero–, como el gran impulsor de la construcción de la riqueza, de la cultura y de la unidad nacional; de su soberanía, como dice la Constitución.

Riqueza significa empresas.

Satena debe ser la línea bandera

Aquí tenemos a Satena.

Satena que es la empresa única de todas y todos los colombianos en el terreno de la aviación, ha cumplido la misión de llevar los vuelos aéreos y su servicio hacia rincones apartados de Colombia.

Debe seguir haciéndolo, a cada vez más rincones apartados, y para ello tiene que tener una fuente de financiación equilibrada, que le permita llevar la avioneta, el avión, el helicóptero allá donde está el colombiano y la colombiana más excluida.

Ese equilibrio financiero depende de que pueda acometer líneas rentables que son las de Colombia y, sobre todo, las internacionales.

Por eso hemos inaugurado el primer vuelo internacional de la historia de Satena, como antaño quizás, hace bastantes décadas, se inauguró el primer vuelo en el territorio colombiano.

No es el primero y el último. Es el primero para muchos, a muchos lugares del mundo.

Satena debe convertirse en la gran aerolínea bandera de Colombia y llevarnos hasta el último rincón, ojalá, del planeta tierra.

Y ese acometido, que es un desarrollo empresarial, y que está en manos de la Fuerza Aérea, es construcción de riqueza, indudablemente, porque no solamente, por su misión específica de volar, sino de traer y llevar gentes, personas, puede irrumpir común eje fundamental en el crecimiento del turismo, que es en el corto plazo lo que nos puede alivianar, si las demandas por petróleo y carbón del mundo caen, el turismo nos puede permitir liberarnos en un mundo de crisis climática, cuando lo que anuncia la Agencia Internacional de Energía en la caída un 75% la demanda de petróleo para el año 2030.

E igual me parece que debemos desarrollar la industria aeronáutica del país, no solamente soñar con volar y volar, sino construir los medios del vuelo.

¿Por qué Colombia no produce aviones y Brasil sí? Porque en Brasil hubo un empeño permanente y una decisión del Estado, partiendo de los instrumentos más simples, hasta llegar a ser un competidor mundial en el mercado de los artefactos que llamamos aviones.

¿Por qué Colombia no lo puede hacer?

Lo intentó hace unos años y suspendió el proceso.

Pues yo creo que una segunda labor en la construcción de la riqueza nacional es el desarrollo de la industria aeronáutica de Colombia, que implica saber hacer aviones, comenzando desde lo simple, para llegar a lo complejo, como decía el filósofo.

De lo simple a lo complejo significa un desarrollo de una industria, significa un encadenamiento de procesos privados y públicos que nos permitan construir a nosotros mismos los instrumentos del vuelo.

Y en un tercer lugar, ir un poco más allá de lo azul, pasar a esa oscuridad del firmamento sembrado de la luz eterna; al espacio, que en un primer lugar es el manejo de satélites, es el inicio de una acometida espacial de Colombia; que pareciera ilusorio, pero que no tiene porqué ser una ilusión en un siglo del conocimiento y más cuando hemos dicho que la producción es hoy el conocimiento.

Estos objetivos tienen que desarrollarse a partir de los presupuestos. Para que los presupuestos puedan desarrollar estos objetivos, tenemos que lograr una estabilidad financiera del país.

Reforma de salud y pensiones

Comenzamos con la Reforma Tributaria de la que ya hablé, y ojalá hoy se apruebe, pero implica otras reformas que tienen que ver con la justicia social y con la riqueza de Colombia: La de salud, la de pensiones.

El objetivo de nuestra reforma de pensiones que comienza el proceso de concertación, porque no queremos leyes impuestas, que empieza ahora y termina en el mes de febrero, como en salud. Y toda la sociedad colombiana está convocada a aportar en ese proceso de concertación. Los poderosos y no los no poderosos.

En pensiones queremos liberar 18 billones de pesos del presupuesto nacional anual que hoy se gastan subsidiando el pago de pensiones, hacia tener más capacidad para reducir la deuda en los dos primeros años, 9 billones de ellos, y a partir del tercer año, para lograr un sistema pensional que sea del 100 por ciento de cobertura, logrando que los 3 millones de viejos y de viejas que hoy no tienen para un plato de sopa en toda Colombia puedan tener al menos medio salario mínimo de pensión individual.

Todos y todas, aquellos campesinos que hicieron la riqueza nacional cultivando café en el siglo XX y que hoy están viejos, cuando le dieron al país miles de millones de dólares, algunos de los cuales sustentaron, por ejemplo, esta institución, y que ustedes en sus recorridos por el país podrán preguntar, bueno y ¿cuál es el campesino cafetero que está pensionado?

Yo he recorrido todo el país y no he encontrado uno.

¿Cómo así que le entregaron miles de millones de dólares a partir de su trabajo cafetero en el siglo XX a la construcción de la nación colombiana?

Con ello se financió Avianca, por ejemplo, y el Banco Cafetero y otros, y ni uno que yo conozca está pensionado.

¿No se trata de tener un sistema pensional, por ejemplo, que le pudiera llevar a cada viejo y a cada vieja de Colombia, a los sabios y sabias de este país, una pensión que permita vivir con tranquilidad los últimos años de la existencia?

Pues la reforma pensional que proponemos trata de ello, de tener la capacidad de bajar la deuda en los dos primeros años y, a partir del tercero, de lograr un objetivo nacional que es un sistema pensional de cobertura total para quienes cumplan la edad de pensión.

Para ello –y finalizo, porque la crisis climática, y no voy a hablar de ello ahora, nos va a suspender la ceremonia, y el vuelo que tenemos ahora–, esperamos de las bases, de los instrumentos de planeación, de la tropa, de la oficialidad y la suboficialidad, las propuestas alrededor del sistema de salud y del sistema de pensiones más eficaz posible para el beneficio social del integrante de la Fuerza Pública y su familia. Mejorar lo existente.

Hemos hablado en todos estos rituales y ceremonias de la necesidad de quitar el muro que divide la suboficialidad de la oficialidad en términos sociales y económicos. Que permita que el que ingrese a la Fuerza Pública, en su escalón jerárquico inferior, pueda ascender al superior sin ningún problema y sin ningún costo, si su vocación y sus méritos se lo permiten.

Pero aquí –y no lo hemos hablado, Ministro (de Defensa, Iván Velásquez), en estas ceremonias–, también es importante dentro de la idea del bienestar social de la Fuerza Pública, la reforma a la salud y al sistema de retiro, que nosotros llamamos pensiones y en la Fuerza Pública de manera diferente, de la Fuerza Pública de Colombia, en el sentido de garantizar más eficacia, más bienestar.

Podemos soñar con hacer los medios del vuelo, los aparatos; podemos soñar con tener los conocimientos que nos permitan mirar más allá del azul y comprenderlo y volverlo funcional a las necesidades del país.

Podemos soñar con construir la industria aeronáutica de Colombia y hacer aviones, pero antes que los fusiles, que los tanques, que las bombas, que los aviones, que las máquinas –que al final no son sino cosas inertes, cosas–, esas cosas no tienen sentido si no hay seres humanos que las hagan y las manejen.

Y esos seres humanos necesitan antes que nada dignidad. Y la dignidad entonces es la tarea fundamental de la Fuerza Pública y de los presupuestos de la nación.

Así que también aquí se abre el escenario de la reforma al sistema de salud y pensiones de la Fuerza Pública que permita un mayor bienestar del que entra, del que está en el nivel más bajo de las jerarquías y de sus familias, porque al final esa es la mayoría.

Y de ahí para arriba la totalidad de la Fuerza Pública debe estar bañada de la dignidad en la existencia, en la calidad de vida de sus integrantes, hombres y mujeres, y de sus familias.

Gracias por haberme escuchado.

Felicitaciones por estos 103 años, más de un siglo de historia de la Fuerza Área de Colombia.

Gracias.

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