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jueves, diciembre 8, 2022

Los teléfonos tontos

Por: Juan José Hoyos

¿Qué teléfono celular usa Bill Gates? Me hacía esta pregunta pensando en cuál sería la elección de un hombre como él que es uno de los cerebros de la revolución de la industria informática, tiene todo el dinero del mundo, y no permitió que sus hijos tuvieran un celular hasta que cumplieron 14 años.

Hace unos días hallé la respuesta. Usa un teléfono Samsung –el plegable Galaxy Z Fold3– que cuesta en Colombia unos 4 millones 300 mil pesos. Es un teléfono que, según él, junto con un computador de escritorio, le resuelve sus necesidades habituales de información, que no deben ser pocas, pero no es el más sofisticado ni el más costoso de su gama.

Qué paradoja: Yeferson Cossio, un you tuber colombiano famoso en las redes sociales, usa un iPhone 13 Pro Max fabricado en oro de 24 kilates y con más de 1.300 diamantes. Está avaluado en 400 millones de pesos.

La paradoja me puso a pensar en la historia de los celulares, desde que fueron inventados para comunicar a las personas, sobre todo en casos de emergencia, hasta hoy, que han sido convertidos por la industria en pequeños computadores portátiles, navegadores de internet, centros de entretenimiento con música, video, juegos e intercambio en redes sociales, linternas, cámaras, tarjetas de crédito… y mil aplicaciones más. Para millones de personas son su generador de noticias, su sistema de orientación en las grandes ciudades, su libreta de apuntes, su diario, su diccionario y hasta su billetera.

Nada que ver con la primera oleada de teléfonos celulares. Eran teléfonos que servían para lo que sirve un teléfono: para hablar con otra persona que está en otro lugar.

Todo cambió en 2007 con la aparición del iPhone, de la empresa Apple. Los pequeños teléfonos móviles con teclas físicas y pantallas de baja resolución comenzaron a desaparecer. Luego llegaron los teléfonos Android, inventados por Google. Los llamados teléfonos inteligentes, conectados a internet, se apoderaron del mercado.

Pero la vida está llena de paradojas. En 2017, Nokia decidió resucitar su viejo modelo 3310, un teléfono básico, con funciones muy limitadas en comparación con un iPhone, que solo puede hacer y recibir llamadas y enviar y recibir mensajes de texto. ¡Y el experimento funcionó!

Cinco años después, Nokia tiene un catálogo de siete “teléfonos básicos”. Algunos son llamados dumbphones o teléfonos tontos. Al experimento se unieron otros fabricantes como Doro, Alcatel y Light Phone. Hoy están renaciendo. Entre 2018 y 2021, las búsquedas en Google de esta clase de aparatos aumentaron un 89% y sus ventas mundiales pudieron alcanzar los mil millones de unidades en 2021.

En 2022 han salido al mercado modelos que sirven para escuchar la radio y tomar fotos muy básicas. Algunos modelos de la empresa Light Phone permiten a los usuarios escuchar música y podcasts, y conectarse por Bluetooth a los auriculares. Pero definitivamente no se conectan a internet ni a las aplicaciones.

¿Por qué gustan los teléfonos tontos? Precisamente, por lo que no tienen. Ni redes sociales, ni noticias engañosas, ni correo electrónico basura, ni notificaciones y actualizaciones que irrumpen constantemente en la pantalla, ni navegador de Internet o cualquier otra fuente infinita de información que provoque ansiedad. Sus baterías duran semanas sin recarga. Son más resistentes y más baratos que casi todos los teléfonos inteligentes. No les entran virus, nadie los hackea. Nokia tiene modelos de teléfonos tontos y no tan tontos que se venden en Colombia entre 50 y 300 mil pesos.

Creo que no hay que pensarlo dos veces: si uno siente que un teléfono inteligente se ha apoderado de su vida, comprar un teléfono “tonto” puede ser una de las decisiones más inteligentes

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