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LAS CORRALEJAS DE PETRO

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Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

En el momento en que el Congreso aprobó la ley por la cual se prohíben las corridas de toros, pero se siguen permitiendo las corralejas, me di cuenta que nuestras apreciaciones críticas sobre el gobierno Petro no habían reparado en el verdadero núcleo ideológico de su accionar. Petro como buen costeño nacido en Ciénaga de Oro, tiene estructurada su vida política y gubernamental con la misma mentalidad conque se montan las corralejas. Y no es exageración ni un chiste. Los colombianos fuimos forjados como nación temperamental ,política y administrativamente por la tradición española, por la Iglesia confundida con el gobierno civil y, como tal, nos metieron en la cabeza la simbología de las corridas de toros ,donde un torero, a pie o a caballo, se enfrenta a un solo toro. Petro ,con su forma cordobesa de ver la vida, se enfrenta hasta a 10 toros al mismo tiempo como en corraleja. Por supuesto, la solidez de las plazas de toros ha sido tradicional y respetada, la de las corralejas es endeble y más de una vez se han derrumbado mientras se torean esa montonera de astados. De no, mediten como Petro en los cuatro meses que lleva se ha enfrentado con varios toros al mismo tiempo. Se enfrentó con la producción de gas y petróleo así nos costara quedarnos sin divisas para adquirir los productos alimenticios, que importamos desproporcionadamente y, lo que es peor ,que pretenda obligarnos a cocinar con leña. Se enfrentó también con las EPS y el sistema de salud vigente y pretende que volvamos a los tiempos de la salud en manos de los alcaldes y de las influencias de los politiqueros para hallar una cama disponible en un centro de atención hospitalaria. Se enfrentó también con la Policía y el Ejército y les mandó a la reserva a medio centenar de generales. Se enfrentó con la justicia en pleno al dejarlos no solo sentados a manteles sino desconocidos por completo con la libertad de los muchachos de primera línea para volverlos gestores de paz. Y como le faltaba una pelea más grande( o más ridícula) se enfrentó con las autopistas 4 G, sus concesionarios y los camioneros que las usan. No hay duda, Petro cree que el país es una corraleja.

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Marchas y Contramarchas.

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Por: Gonzalo Concha.

Cargadas de tigre se cocinan marchas y contramarchas, tanto de derecha como de izquierda; bien para protestar por el actuar y acontecer en el gobierno del Presidente Gustavo Petro; así como otros marcharán, para apoyar su gestión, planes y proyectos; y como si esto no fuera ya preocupante; todo se eleva a la máxima potencia cuando por las redes sociales y con conocimiento de causa y efecto, la cita sería para salir unos y otros, el mismo día, pronosticando así la tormenta perfecta.

Siendo la libre protesta un derecho fundamental (Constitución Política de Colombia ARTICULO 37. Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente. Sólo la ley podrá establecer de manera expresa los casos en los cuales se podrá limitar el ejercicio de este derecho) siempre sabemos dónde inician las marchas, pero nunca sabemos cómo terminan; olvidándonos que también debemos tener como referente fundamental, los derechos de los no marchantes, en su mayoría comerciantes que, por estar localizados en las vías preferidas para protestar, siempre terminan vandalizados y qué decir de cómo termina el mobiliario urbano, que es de todos y para todos; sin olvidarnos que estos eventos siempre afectan significativamente el libre desplazamiento de las personas que deben o que necesitan movilizarse.

Como caldo de cultivo, las marchas y contramarchas, que en poco o nada contribuyen en la consolidación de un País más justo, próspero y en paz; sí contribuyen enfrentando y distanciando a dos Colombias, con dolorosos episodios donde todas las partes siempre salen perdiendo.

Estamos a tiempo para ponernos hielo en la cabeza y sopesar la gravedad de lo que podría suceder con un viento huracanado en contra, cuando la emoción siempre termina derrotando a la razón.

En el Caso particular de Santiago de Cali – con recientes y dolorosas experiencias en esta materia – los daños de todo tipo que estas marchas pueden causarle a la ciudad cuando todo se sale de control, siempre es imposible cualificarlos y cuantificarlos, sobre todo si tenemos en cuenta que la ciudad atraviesa por una de las épocas más difíciles de su historia reciente en todos los campos, pero en particular en el delicado campo de la seguridad.

Hoy, cuando ya se asoma la elección de los alcaldes; en el caso de Santiago de Cali, con una amplia baraja de candidatos, es importante tener en el considerando que no solo debe caber todo el Municipio en la cabeza al candidato, sino que debe generar confianza y respeto por la democracia, así como una reconocida autoridad moral y la experiencia necesaria en el manejo transparente y eficiente de los recursos públicos – hoy de capa caída – esperanzados en un Santiago de Cali, donde todos nos sintamos incluidos, comprometidos y motivados con un llamado al: “SIN USTED; NO HAY UN NOSOTROS”

La prosperidad y la paz de Santiago de Cali, a todos compromete y beneficia; ni uno menos.

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LOS MUCHACHOS QUE SE ATREVIERON A DEJAR SUS CELULARES

Leidy Garcia Balvin

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Por: Juan José Hoyos

La historia empieza en los escalones de una biblioteca de Nueva York. Allí se reúnen cada semana unos doce adolescentes que participan de un rito muy particular. Hacen parte de un club. Y buscan liberarse de la dependencia de sus teléfonos celulares y de las redes sociales. Dicen que quieren aprender a usar sus cerebros.
“Estamos aquí todos los domingos, llueve o truene, incluso si cae nieve” le dice uno de ellos al periodista que los acompaña. Cuando han llegado todos, caminan hacia un parque, mientras esconden sus teléfonos. Muchos usan iPhone. Otros prefieren marcas y modelos más sencillos o antiguos. Pero la marca o el modelo de los aparatos no son para ellos motivo de ostentación. Todo lo contrario.
Habitualmente, buscan una pequeña colina alejada de la gente. Entonces empieza el ritual. “Algunos dibujan en cuadernos. Otros pintan con acuarelas. Con los ojos cerrados, uno se sienta a escuchar el viento. Muchos leen. Citan como héroes a escritores libertarios como Hunter S. Thompson y Jack Kerouac, y les gustan las obras que condenan los males que acarrea la tecnología” cuenta el periodista.
Lola Shub, una estudiante de último año de bachillerato, se muestra feliz de haber dejado de usar un teléfono inteligente. “Cuando conseguí mi teléfono tonto con tapa, las cosas cambiaron instantáneamente”, dice. “Empecé a usar mi cerebro. Me hizo observarme como persona. También he estado tratando de escribir un libro. Llevo como 12 páginas”.
La fundadora del club es Logan Lane, una chica de 17 años. Ella dice que durante el confinamiento de la pandemia su apego a las redes sociales se volvió preocupante para ella: “Me consumió por completo”. Para vencer su adicción, borró Instagram, que era la red que más usaba, pero eso no fue suficiente. Entonces decidió guardar su teléfono en una caja.
Logan cuenta que entonces sintió por primera vez lo distinta que era la vida sin un iPhone. “Leía novelas en el parque. Admiraba los grafitis cuando viajaba en metro y conocí a otros muchachos que me enseñaron a pintar con aerosol en los patios de estacionamiento de los trenes de carga”.
Sus padres valoraron su transformación, pero insistieron en que llevara un teléfono de los sencillos, con tapa, para poder comunicarse con ella. Sin embargo, el sueño de Logan es no tener ningún teléfono. “Mis padres son tan adictos a ellos…” dice al periodista. “Mi mamá entró en Twitter y Twitter se apoderó de ella”.
El club fue fundado en el 2021 y lleva el nombre de Ned Ludd, un obrero inglés del siglo XVIII que se volvió famoso por destrozar un telar mecánico para hacerles comprender a sus compañeros los peligros de la automatización y la industrialización. Hoy, el club tiene unos 25 socios.
Apenas acaba la reunión, los muchachos se van por un camino solitario, sin luces, y hablan de poesía, de música y de los males de Tik Tok.
Alex Vadukul, el periodista de 33 años que escribe la crónica, publicada en The New York Times, es uno de los jóvenes reporteros heredero de la tradición narrativa de los grandes periodistas del Times, como Gay Talese, a quien llama “su padre”.
Alex termina su relato contando cómo una estudiante señala el cielo y dice: “Miren. Estamos en cuarto creciente. Eso significa que la Luna se hará más grande…” Luego describe por última vez a los muchachos: “Caminando por la oscuridad, la única luz que brillaba en sus rostros era la de la Luna”.

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