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La Tragedia de Tasajera

Por: Federico Senior

¿Quieren saber que es pobreza?, pasen por Tasajera o Pueblo Viejo, sobre la carretera que une Barranquilla con Ciénaga, comunidades en el más completo abandono, de todo y de todos, el Estado solo ha “estado” ausente por siempre, muy pocas acciones se han visto en esta zona, olvidada por el mundo, todos pasamos por ahí, de soslayo miramos, comentamos “que pobreza tan hijueputa” sobre todo si vamos con algún forastero que no conocía la zona y pare de contar, ranchitos de latas, de maderos torcidos, de clavos oxidados, embutidos en la salmuera del suelo inundado por la marea alta, de insoportables atardeceres atormentados sus pobladores, por las nubes de mosquitos, los ricos, los que tienen Apartamento en Bello Horizonte, los del Rodadero Norte, los traquetos dueños de los centenares de laboratorios de coca de la Sierra, esos ni se inmutan, pasan raudos en sus camionetas blindadas, les importa un bledo, la verdad nadie se conmueve, nadie.

Hace más de veinte años, era yo gerente de ventas de un gran mayorista de la construcción en Barranquilla, nos llegó una solicitud para atender una negociación de materiales, la oficina era llegando a Ciénaga, tome mi Fiat 147 color ladrillo y arranqué para allá, el Contratista, personaje de esas raras excepciones, del Huila, más alto que yo, usaba Botas Tejanas, con espuelas y todo, trabajaba con su ex esposa y uno de sus hijos, como buen opita, simpático, hospitalario, sencillo y de manera especial, amable, nos hicimos amigos de una vez, siempre he tenido un especial afecto por el Huila, tengo grandes amigos, muchos recuerdos, muchos negocios y no pocas ex novias oriundas de más allá del Cerro del Pacandé, era amigo de Samper (ya lo dije, era una excepción, un amigo de semejante delincuente, buena gente y HONESTO, casi que un milagro), el objetivo del Contrato era construir mil quinientos mejoramientos a las si así se pueden llamar “viviendas” de la zona, que comprendía las poblaciones de Tasajera, Pueblo Nuevo y algunos caseríos ribereños de la Gran Ciénaga, consistían en una unidad sanitaria y una habitación de tres por tres, en bloque de cemento y teja “Eternit”, eran obsequiados por el Gobierno, el único requisito era tener un ranchito y cédula de ciudadanía, nada más, me parece loable que el gobierno haga semejante obra y sobre todo sin tanta exigencia le dije al opita, ¿Qué qué?, me espeto mi nuevo amigo, mira, no te imaginas el lío tan berraco que ha sido esto, pero ¿Por qué? pregunte bien extrañado, mira, aquí nadie tiene cédula, me toco acudir al Registrador de Ciénaga para que cedulara a esta gente y no alcanzas a imaginarte las historias, la inmensa mayoría no tenía idea de su propia fecha de nacimiento, por supuesto no tenían registro civil, ni partida de bautizo (los curas no portan por allá, hay mucho mosquito y poca plata), les tocó cedular a ojo, el Registrador contaba que llegaban las señoras, ¿Cuánto años tiene usted?, no sé, ¿tiene hijos?, si, siete, el mayor cuantos años tiene, diez y el menor? uno, a los cuantos años tuvo el primero, como a los quince, listo, usted tiene veinticinco así que nació en 1970, su nombre? Yurlhleydi, apellido? jum¡¡ no sé, listo Yurleidi López, así le quedo la cédula, ¡siguiente! y así con todos, pues bien, ese es el perfil social de esa zona, sumida en la más profunda pobreza, abandono, miseria, enfermedad, mugre y tristeza.

Los pobladores viven de la pesca y de la sal, desde la carretera se ven las dársenas hechas a pala, dejan que el agua de mar se seque, quedando en el fondo la sal, la cual apilan en pequeños arrumes, para después empacarlas en sacos y, de la pesca, ellos se organizan no salen todos a pescar todos los días, salen por grupos, en la madrugada, los vemos después del alba, arrastrar desde la playa sus inmensos chinchorros, lo obtenido en la faena es para todos, primero apartan lo del propio sustento, el resto de la pesca la venden para así poder comprar la yuca, el aceite, el plátano y el arroz, lo que sobra es para el ron, el del juego de dominó, la mayoría de los niños no van a la escuela (si es que a “eso” se le puede llamar así), se la pasan en el borde de la carretera con alguna “chazita” en la mano, intentando vender cualquier pendejada tratando de hacerle la trampa al centavo y ayudar en algo a la economía del rancho, las mamas cocinan y cuidan a las inmensas proles, interminables filas de muchachitos de templados abdómenes infestos de lombrices, las niñas son preñadas a los quince años y se inicia un nuevo ciclo de la eterna miseria de las gentes de la Isla de Salamanca y de la Ciénaga Grande de Santa Marta.

No podemos censurar entonces a la montonera que se formó alrededor del camión tanque que se accidento hoy en la carretera, como moscas pululaban los pobladores, los niños, con baldes en mano intentando sacarle el combustible al tanque, para poder encender los fogones y las fogatas que por la noche ahuyentarían la nube de mosquitos, hasta que surgió la chispa y una bola de fuego acabo con la vida de siete jóvenes, hirió a medio centenar, habían dos o tres policías contemplando la escena, pobres diablos, nada podían hacer, nunca imaginaron que se iba a suscitar tamaña tragedia, ellos no tienen la culpa, esa, la culpa digo, es de nosotros, de los que tenemos algo de cultura, de los que no decimos ni hacemos nada ante el lamentable espectáculo de nuestro país, carcomido hasta la médula por la más nefasta corrupción jamás vista en la historia, es de nosotros, que debemos alzar nuestra voz, detener el imperio del delito, no cesar ni un instante, aprovechar las “embarradas” como las del fiscal y el contralor, hacerlos renunciar, por ladrones, ineptos, pícaros y prepotentes, “menear” la olla de los casos vigentes, los de Odebrecht, Reficar… y el largo etcétera que conocemos, no debemos detenernos ni un instante, joder y joder hasta que por cansancio decidan “zamparlos” en la cárcel, es nuestro deber, a veces la desilusión me invade, al ver que todo esto que escribo, lo serio, lo grave, produce muy poco impacto, en fin, yo no voy a callar, hablaré, acusaré, azuzaré todo lo que pueda, el objetivo de todos, debe ser ese, el pueblo, al que toca ayudar, educar, apoyar, tenemos la obligación de hacerlo, repito, al menos yo, no voy a claudicar……

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