LA REFORMA DEL CLIENTELISMO Y LA POLITIQUERÍA

Columnistas
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Por: Luis Gabriel Gómez

Podríamos iniciar este artículo diciendo que PETRO ATENTA CONTRA LA SALUD MENTAL DE LOS COLOMBIANOS. Pues las decisiones de su Gobierno han dejado cuestionamientos que al 2024 nos podríamos preguntar cuáles son las bases de sus argumentos si tenemos como prueba que sus narrativas han quedado cortas si de garantías y justicia social se trata.

Y sí… la salud mental de los colombianos no solo es un tema de crítica hacia las decisiones del presidente, sino una mirada real a lo que sucede en la vida matutina de quienes habitamos este país.

Una Encuesta Nacional de Salud Mental ha reportado que 10 de cada 100 adultos, de edades entre 18 y 44 años, han tenido problemas que sugieren la presencia de una enfermedad mental. Sumado a eso, los encuestados relacionaron estas afectaciones de salud mental principalmente a causas con temas: financieros (56 %), niveles de estrés o ansiedad (41 %), y con la incertidumbre política en el país (35 %).

No quiero decir con esto que la política se resume en un mandatario, pero sus decisiones repercuten y su comunicación fragmentada solo deja vacíos e incertidumbre.

¡La salud!

Una reforma con un fondo sin forma:

Alertas, decisiones y reflexiones.

En septiembre, la carta divulgada y que fue emitida por Sanitas, Sura y Compensar. Dejó a la opinión pública confundida porque estas han sido catalogadas como “las mejores”, pero su motivo de alerta era causado por la insuficiencia del pago por cada afiliado o Unidad de Pago por Capitación (UPC) para atender las necesidades del sistema. Si bien el Gobierno dio respuestas de fórmulas, quedó el sinsabor de si entonces sí se estaban asignando los recursos suficientes para financiar los servicios de salud que se necesitan.

Tener más inquietudes que certezas solo generan ansiedad para aquel que no tiene más remedio que confiar en el buen obrar de sus elegidos o padecer la de sus no elegidos.

Como colombiano, me preocupa principalmente que la salud tenga ese cambio tan radical donde el dinero pasaría a ser administrado directamente por El Estado. Trato de salirme de mi rol de oposición a este Gobierno, pero es imposible no mal pensar y saber que la salud- no solo la mental- depende del buen obrar de una administración que históricamente lo ha hecho mal, generan suspicacia y muestran un mal manejo de los dineros y con esa toma de decisiones que van en contravía al bienestar de la gente.  (caso puntual – Las pérdidas con los panamericanos de Barranquilla… ¿Quién ha pensado en la salud mental de esos deportistas que no saben cómo financiarían su competencia en el exterior y personas necesitadas de empleo que tenían expectativas en este evento? ¡Afectados todos! ellos y los colombianos en general)

Un fuerte acto, más simbólico que legal fue la otra carta…la de los exministros y exviceministros de salud donde hacen un llamado a Petro sobre la reforma y designaciones alrededor del sector. De esta rescato ese propósito comunicativo llevado a “señalar que con esta no se priorizaría a los pacientes, sino que, por el contrario, se favorecería el clientelismo y la politiquería en las instituciones y el manejo de los recursos públicos”.

 La potencia de la vida no puede quedar solo en los discursos, no puede ser una herramienta de guerra y de fragmentación, no puede ser un atentado hacia el desarrollo, la seguridad y la defensa de los derechos de los colombianos.

Leyendo sobre la conquista de Bizancio, encontré una frase que me resuena con la historia de nuestro país y de algunas decisiones que parecieran mantenernos más en luchas que en avance:

“Al preparar una guerra, siempre y cuando no estén del todo armados, los tiranos solo hablan de paz”.

Yo anhelo para Colombia, más que un discurso de paz es un ajuste al Sistema de Salud que garantice los avances actuales y que mejore la salud mental de los colombianos.  

Queda entonces como reflexión final a este artículo, que en pleno siglo XXl, los colombianos aún recurrimos en formas de comunicación, a la dignidad de la palabra y la firma plasmada en una carta, ante los miles de trinos y publicaciones de un presidente que lejos está de hacer sentir cercanos y seguros a los colombianos.

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