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La pos pandemia exige gobernar con la oposición.

Por: Carlos Arturo Rodriguez Diaz

Como es sabido, el coronavirus transformó todo y desnudó completamente un modelo económico que escondía pobreza, discriminación y desigualdad; también, una crisis de liderazgo, pues la confianza entre gobernantes y ciudadanos ya era precaria antes del virus, lo mismo que la forma como algunos políticos erosionaron la fortaleza democrática. Por ello, la crisis sanitaria está ligada con nuestro sistema socioeconómico y político. Por ello, enfrentar solo la pandemia, sin atender sus consecuencias, es prolongar la reacción social y entrar en una etapa de confrontación innecesaria y de profunda ingobernabilidad.

La pandemia evidenció la realidad de la informalidad que llega al 68 en nuestros países y que muestra que es urgente revitalizar un Nuevo Contrato Social, basado en la justicia social y en la equidad distributiva de la riqueza.

Nunca los pronósticos sobre la economía habían sido tan desalentadores. Hoy casi todos hablan de la peor depresión desde la gran crisis mundial de 1929 y de una recuperación lenta y con graves e impredecibles consecuencias sociales.
Para corroborar lo anterior, recordemos que la semana pasada conocimos varios pronunciamientos. Por ejemplo, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, advirtió que esta recesión es sin precedentes en la historia de su país y nos informan que la destrucción del empleo en Estados Unidos alcanzó cifras inéditas, pues en nueve semanas, más de 38 millones de ciudadanos pidieron subsidios para sobrevivir.

El Fondo Monetario Internacional, FMI, cree que la pandemia agravará las vulnerabilidades financieras acumuladas por años y la Cepal advierte, que en 2020 se disparará el desempleo en América Latina, hasta bordear 12 millones más de desocupados.

En Colombia, estudios de la Universidad de los Andes afirman que la pobreza podría subir al menos 15 puntos, con un retroceso de 20 años en materia de desarrollo económico y social; la pobreza con 7 millones de personas traería un impacto en los niveles de desigualdad que significa retroceder a niveles de comienzo de siglo. Fedesarrollo, estima que el desempleo bordeara el 23%. Además, la liquidez de empresas ya es crítica, el Coronavirus hoy deja sin empleo a 1,6 millones de colombianos y la pérdida de tejido empresarial es enorme.

Responder a este desafío exige mucha generosidad política, económica y social para que gobierno, partidos políticos, parlamentarios, academia, organizaciones empresariales y sindicales, asuman esta realidad y entiendan que la primacía de ella exige gobernar con la oposición y reconocerles a los interlocutores sociales y a la academia, el papel que les corresponde.

Para ello, hoy se hace imperativo asumir como Desafíos Democráticos, una mayor decisión política para avanzar con diálogo social en acuerdos y construir consensos. Es importante solucionar la crisis sanitaria, pero recordemos que ésta vino precedida de la crisis del modelo de desarrollo, de la crisis ambiental y de una fragilidad democrática, que requieren soluciones revitalizando un Nuevo Contrato Social, para asumir la pos-pandemia con aceptables niveles de entendimiento y de compromiso tolerante y plural.

Necesitamos pensar en lo impensable para encontrar salidas, iniciativas y diversas alternativas que permitan respuestas a las crisis; del coronavirus, la económica, la ambiental y la de gobernanza, que están interrelacionadas y exigen soluciones concertadas.

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