La Barca de Calderón – El régimen de las complicidades

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Por: William Calderón Z.

Fincho Cepeda, ficha indispensable del régimen de las complicidades

Efraín Cepeda hace parte integral del régimen de las complicidades del que hablara Álvaro Gómez Hurtado, que no es otra cosa que la manguala del poder a toda costa, sin miramientos de carácter ético, moral y doctrinarios. Solo a él y sus socios, con tal de que les dieran la presidencia de Coljuegos, entre otros ‘puesticos’, les pareció que un conglomerado que funda sus raíces en el humanismo cristiano, puede ser copartícipe de un gobierno materialista, comunista y destructor de la libre empresa y de todas las garantías que conlleva una democracia plena.

Pareciera que lo que guiara a este flamante presidente del Directorio Nacional Conservador, es pertenecer a las organizaciones de los partidos únicos que gobiernan varias regiones del país. Fincho es feliz con los Char, los Gnecco y ahora con Dilian Francisca Toro en el Valle del Cauca, exgobernadora de ese departamento y presidenta del Partido de la U, quien ha venido cooptando las huestes azules del norte del Valle a tal punto que de los alcaldes elegidos bajo la enseña azul, solo uno de nueve, sigue enarbolando la bandera de Caro y Ospina.

Fincho quiere ser presidente

Cepeda Saravia ahora se viste de azul de pies a cabeza. No tiene la estatura intelectual ni moral de personajes de su terruño como Eduardo y Próspero Carbonell, Evaristo Sourdís, Abel Carbonell, Francisco Posada de la Peña y Clemente Salazar Movilla.

Satisface los intereses de sus amigos en las regiones. Por ejemplo, en el Valle del Cauca, ha querido acabar con el movimiento mayoritario que orienta el exgobernador Ubeimar Delgado y con fuerzas tan importantes como la del concejal de Cali Fernando Tamayo, para entregarle el partido a Blanca Cardona, gamonal de Vijes con 1.500 votos y a los socios y acólitos de Dilian Francisca Toro. Prefiere darle al aval a ‘la mona’ que a un copartidario. Fincho cree que con este proceder está asegurando los votos de unos utilitaristas y negociantes de la política como él, y que la grandeza de un partido que fuera dirigido por Cornelio Reyes, Álvaro y Rodrigo Lloreda Caicedo, Carlos Holguín Sardi y Humberto González Narváez, no vale nada.

Cepeda tiene el conservatismo del Valle convertido en pavesas, sin representación en el Senado y la Cámara de Representantes. ¡Qué horror!.

La democracia partidista

Nunca antes en la historia de un partido centenario como el conservador, alguien ha tenido tanto poder sin merecérselo, como Efraín Cepeda, ahora ideólogo y líder. Nunca Laureano Gómez fue jefe único del partido. Nunca Mariano Ospina Pérez concentró en sí mismo un poder omnímodo. Tampoco Álvaro Gómez ni Misael Pastrana, quienes viendo este desastre, estarán revolcándose en sus tumbas.

El Directorio Nacional Conservador ha prolongado su periodo de manera espuria. Desactivó todos los directorios municipales y departamentales de la república para que fuera el Fincho el dador máximo de los avales y de las prebendas. Se entronizó arropado por la casta dominante de los congresistas. En el pasado, sí había democracia. Se convocaban convenciones departamentales y municipales que a veces duraban dos o tres días para la conformación de directorios y de las listas a las corporaciones públicas. Ahora no. Es el Fincho el que manda. Todo un caudillo de pacotilla.

Si el conservatismo y todos los partidos no recuperan la verdadera democracia, cada vez más perderán el respeto de la comunidad, alejándose de las nuevas generaciones. Un partido que dirige desde la casa del barrio la Soledad en Bogotá, un grupo de costeños con sueldos jugosos que solo busca el bienestar y el poder de los congresistas, está signado a perecer.

Lo del Valle del Cauca es la muestra elocuente de cómo se sacrifica una colectividad para darle gusto a quienes le entregan sus votos a personajes como Esperanza Andrade y Samy Merheg, quienes van y vienen.

Por cierto, también en el Huila, departamento de mayoría conservadora aún en la época de la república liberal; por voluntad de Hernán y Esperanza Andrade y de Pipe Lozada, no habrá candidato conservador a la alcaldía de Neiva ni tampoco a la gobernación del Huila. Andrade tiene el récord de haber terminado con el Partido Conservador en dos departamentos. ¡Hágame el favor!.

Un partido que no propone, un partido que teniendo el caudal de votos que todavía hoy lo acompaña no aspire a gobernar, no merece persistir. El conservatismo, aguerrido en otros tiempos, con una historia llena de conquistas sociales de distinto orden, lo condenaron a ser el comodín del poderoso de turno.

Sacrificar a Fernando Tamayo y a tantos otros que como él buscaban la representación del partido en el Valle y otras regiones, no deja de ser una muestra elocuente de que el Fincho Cepeda es una ficha del régimen de las complicidades.

Como conservadores, pedimos que se convoque a una convención nacional de inmediato y que se le devuelva la autonomía a los directorios municipales y departamentales para que gobiernen la colectividad en sus territorios.
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