Esta guerra se perdió

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Por: Guillermo Mejía Mejía

En una larga entrevista de Caracol Radio con el embajador de los Estados Unidos, el pasado martes 27 de julio, este manifestaba, entre otras cosas, que Colombia era el principal socio de Estados Unidos y que existía una muy importante colaboración entre ambos países. Es obvio que la principal “colaboración” es la guerra que libra Colombia contra el narcotráfico que ha desbordado la capacidad del Estado para derrotar a los barones de la droga.  

El desplazamiento de los más de 4.000 mil campesinos en Ituango por la presión de los grupos armados ilegales no obedece a una lucha ideológica de las disidencias de las Farc sino simplemente a la guerra que libran los distintos grupos que tratan de controlar el mercado de la droga.  

La misma situación, o peor, se vive en la región del rio Telembí en el departamento de Nariño donde, desde el mes de mayo, se han desplazado 4.986 personas entre ellas 1.133 menores de edad, a los municipios de Magüi y Roberto Payan. 

El asesinato de líderes sociales en el departamento del Cauca, especialmente en la zona de El Bordo, una vía necesaria para el tráfico de cocaína es ya definitivamente una batalla perdida en la que se producen asesinatos como el de Álvaro Narváez Daza, en compañía de su esposa e hijos menores, con ráfagas de fusil, un líder que propuso la sustitución de cultivos de coca por una siembra de limones que tenía asegurado el mercado. 

En el caso de Ituango la ayuda ha sido mucho más efectiva pues se trata de un municipio que tiene hoy una importancia nacional por la construcción en su territorio del proyecto energético más grande de Colombia, Hidroituango.  

El ejército y la policía y la presencia de funcionarios nacionales y departamentales, con la ayuda de los organismos de socorro, seguramente le darán confianza a los campesinos desplazados para que regresen a sus veredas con tranquilidad, pero es bastante probable que esta solución será transitoria porque el Estado colombiano no está en capacidad de copar los territorios que dejó la antigua guerrilla de las Farc. Una vez instalados nuevamente en sus hogares, con la vigilancia de más de 400 hombres del ejército y la policía, los campesinos verán que dentro de pocos días los soldados y agentes policiales regresan a sus cuarteles pues la fuerza pública no está en capacidad de garantizar su permanencia en la región debido a que tienen que proveer la alimentación y toda la logística militar para mantener esa vigilancia, la mayor parte de ella mediante el transporte aéreo en helicóptero. Y el ciclo se repetirá hasta el hartazgo porque el negocio del narcotráfico, pagado en dólares por los consumidores norteamericanos, no cesará mientras los narcóticos sigan prohibidos. 

“La mala hierba” fue una novela escrita por Juan Gossaín y adaptaba a la televisión en 1.982, donde se narran los asesinatos, la violencia y la pérdida de la guerra a manos de los narcotraficantes de marihuana de la época. Después de 40 años, la yerba no es tan mala y las 10 mejores variedades se cultivan en California, Estados Unidos: Blue Dream, Gelato, Purple Punch, Weeding Cake, Original Glue, Jack Herer, GSC, Sour Diesel, Granddaddy Purple y Shebert 

Hace 40 años Colombia puso los muertos y los gringos se llevaron las semillas, las mejoraron y ahora disfrutan de las delicias de la cannabis.  

Ya la extradición no asusta a los narcos pues los norteamericanos negocian con ellos a cambio de información, les modifican la identidad y los dejan viviendo como testigos protegidos disfrutando del sueño americano. 

P.D No se ve bien a un ex magistrado del Consejo de Estado, con muchos títulos, dilatar procesos de nulidad electoral, con argumentos leguleyos, cuando ya se ha dictado sentencia definitiva. 

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