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El mal momento de Nuestro Ejército

Por: Orlando Arenas Tamayo

Siempre he creído que en momentos de crisis institucionales, solo la verdad ayuda y cito este aserto para referirme a la crisis que está viviendo la institución castrense colombiana, a raíz de las denuncias de abuso sexual contra menores de edad, cometidos por soldados cuya función es proteger a los ciudadanos, especialmente si son niños a quienes debemos cuidado especial, según nuestra constitución.

Desde luego que, como ciudadano, espero que los superiores al frente del ejército, así como los organismos de investigación competentes puedan establecer la verdad en torno a estos crímenes dolorosos, que ofenden tanto, que han logrado radicalizar a la sociedad en su contra, hasta el punto de haber adoptado mediante ley la pena de cadena perpetua, en contra vía de un principio rector de la finalidad de la legislación penal como es la resocialización del delincuente y, lo contrario, contradice los principios del Estado Social de Derecho, prescrito en nuestra Carta Magna.

La verdad debe ser establecida con rigor y castigados los responsables con toda severidad, pero algo huele mal en todos estos episodios, una cierta campaña en contra de nuestro ejército, valiéndose de los exabruptos cometidos por algunos miembros de sus filas que todos los ciudadanos de bien condenamos. Hay gente tóxica empeñada, no tanto en la condena y castigo como es normal, sino en demeritar, envilecer, desacreditar a la institución a la que amamos.Con excepción de los guerrilleros, hoy flamantes legisladores nuestros, sin pizca de arrepentimiento de sus delitos, todo el mundo sabe que nuestro ejército, en el gobierno del Dr Álvaro Uribe, fue el que nos rescató de los clubes sociales en los que nos habían puesto presos a todos los ciudadanos, que entonces no podíamos salir de la ciudad y por ello, recuerdo con amor a nuestros soldados que custodiaban todos nuestros caminos hasta que llegó el gobierno del mentiroso que le juró a todos los colombianos, sobre mármol y piedra, que no habría más impuestos, que no habría impunidad en el mal llamado proceso de paz, que no habría “curules” gratuitas para los guerrilleros, que tendrían que ganarlas en las urnas. Santos, el traidor y mentiroso.

Es una estrategia bien calculada para minar las instituciones y a eso le ayuda una sociedad desmemoriada que ya casi olvida al redentor y, antes del sacrificio que añoran, piden la libertad para Barrabás.

Nuestro ejército se salva depurándose de lacras y castigando a los responsables de delitos, pero no nos dejemos confundir por las verdaderas intenciones de ciertos sectores sociales que ahora cuentan con la llamada Gran Prensa Nacional.

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