«Don Bosco y los Salesianos: Gratitud Infinita»

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Por: Aldrin García Balvin

San Juan Bosco y los Salesianos: Pilares de mi Formación, mi Gratitud Infinita

Hoy, 31 de enero, en la celebración de la fiesta de Don Bosco, encuentro el momento perfecto para expresar mi gratitud a través de estas líneas. Es un día lleno de significado, donde recordamos y honramos el legado de este gran educador y santo, cuya visión y pasión por la juventud continúan inspirando generaciones. Es en esta fecha especial que deseo rendir homenaje a Don Bosco y a todos los salesianos que, siguiendo sus enseñanzas, han dejado una marca imborrable en mi vida y en la de muchos otros.

En el recorrido de la vida, algunos nombres resuenan con una fuerza particular, trascendiendo el tiempo y el espacio para dejar una marca indeleble en nuestro ser. Don Bosco y los salesianos son esos faros luminosos que han iluminado mi sendero desde los primeros pasos de mi formación hasta el día de hoy. En esta columna, deseo expresar mi profundo agradecimiento hacia ellos, quienes no solo me brindaron una educación académica sólida, sino que también cultivaron mi ser pastoral y espiritual con una dedicación inquebrantable.

Mi vínculo con los salesianos es un lazo tejido con gratitud y aprecio. A lo largo de mi infancia y juventud, encontré en la figura de varios salesianos inspiración, guía y ejemplo de vida. Entre ellos, el Padre Climaco Abel Millán González emerge como un faro de sabiduría y bondad. Él fue más que un mentor, fue mi padre espiritual, mi maestro y mi amigo. Bajo su tutela, aprendí valores fundamentales como la disciplina, la constancia y la espiritualidad, pilares que han sustentado mi camino hasta el día de hoy.

Acompañando al Padre Climaco, otros nombres resplandecen en mi memoria con gratitud. El Padre Luigi Pellizari, el Padre Darío Vanegas, el Padre Luis Fernando Betancourt (quien fue mi primer jefe) y el Padre Jorge Rodríguez Gámez (artífice de grandes cambios en mi vida) son solo algunos de los innumerables salesianos que dejaron una huella imborrable en mi formación. Cada uno aportó su sabiduría, su cariño y su compromiso, moldeando mi visión del mundo y mi camino espiritual.

Pero la influencia de los salesianos trasciende lo individual para abarcar una comunidad de aprendizaje y crecimiento. Recuerdo con gratitud a otros salesianos como el Padre Wilson Plinio Puerta, el Padre Jorge Toro, el Padre Victorino Correa, El Padre Jairo Gallo, el Padre Leonel Sánchez, el Padre Manuel Carvajal, el Padre Mario Restrepo, entre muchos otros, cuya dedicación incansable en el ámbito académico y pastoral enriqueció mi experiencia educativa y espiritual de manera invaluable.

Foto: Agencia Info Salesiana

En este mes de celebración, en honor a Don Bosco, patrono de la juventud, es imperativo reconocer y agradecer el legado de los salesianos, quienes continúan llevando adelante su misión con pasión y compromiso. Su labor trasciende las aulas para llegar al corazón de cada joven, ofreciendo orientación, apoyo y amor incondicional en su viaje hacia la plenitud humana y espiritual.

Mi gratitud hacia Don Bosco y los salesianos rebasa las palabras. Son más que educadores, son guías espirituales, son modelos de entrega y dedicación, son faros de luz en medio de la oscuridad. Hoy, al mirar atrás en el camino recorrido, solo puedo expresar un profundo agradecimiento por haberme brindado las herramientas y el apoyo necesarios para convertirme en la persona que soy hoy. Aunque mi corta vida religiosa la viví como religioso terciario capuchino, mi vida siempre quedará marcada por la vida al estilo de Don Bosco.

Que su legado perdure por generaciones, iluminando el camino de innumerables jóvenes en búsqueda de la razón, religión y amor.

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