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¿Arte o vandalismo? ‘Los ataques’ del arte a los monumentos

Foto: cortesía del autor

El Tiempo habló con varios artistas sobre la caída de la estatua de Sebastián de Belalcázar.

Hace ocho años, el artista colombiano Iván Argote pasó por una tienda de “telas mexicanas” en Madrid y compró metros de tela. Confeccionó varios ponchos y decidió vestir a las estatuas de los reyes españoles que habían participado en la Conquista y la Colonia de América.

La policía lo atrapó, pero no pudo retenerlo durante mucho tiempo porque no había “vandalizado” ni destruido las esculturas.

Iván Argote
Obra ‘Turista: King Charles III of Spain’, 2013, del artista Iván Argote. Foto: cortesía del artista

En Bogotá llevó a cabo acciones similares.

En el parque Nacional se apoderó de la estatuda de Francisco Orellana –el conquistador que “descubrió” el Amazonas– y lo cubrió de espejos para que se viera el verde del parque y no su figura. “No entiendo por qué no hay una sola estatua de los indígenas o un monumento para los pueblos amazónicos”, dice.

Hoy, el registro fotográfico de ambas intervenciones, está expuesto en el Museo Georges Pompidou de París.

La relación del arte con las estatuas, o de la historia con los monumentos, o del arte con las “instituciones”, no necesariamente tiene que ser “armónica”.

En 1974, una de las acciones plásticas más poderosas del siglo XX del arte colombiano, fue la cachetada que le dio Antonio Caro al crítico de arte Germán Rubiano por no aceptarlo en el Salón Nacional de Artistas. Caro hizo para otro Salón Nacional un busto de sal de Carlos Lleras Restrepo y lo deshizo con baldados de agua en 1970.

Los indígenas tumbaron la estatua de Sebastián Belalcázar y el video –en otro contexto– podría estar en la sala de un museo de arte contemporáneo. Esto piensan algunos personajes de la cultura.

María Isabel Rueda, artista plástica

“Me impactó la acción de los Mizak; es tumbar una idea colonial”, dice la artista y curadora María Isabel Rueda. “Es la rebelión contra una imagen de dominación. El artista colombiano Nelson Fory tiene un antecedente muy interesante. En Cartagena se encargó de ponerles pelucas afro, en un reclamo por la exclusión racial, a estatuas de Bolívar, Pedro de Heredia y a otros proceres”.

Estatua de Fory
El artista Nelson Fory también intervino algunas estatuas históricas como la de Cristobal Colón.
Foto: Archivo particular

Beatriz González

El video de los indígenas Misak puede verse como un ‘performance‘. Es una protesta y la caída de una figura de abuso y sometimientos. Es una discusión que lleva años. En Barcelona hablaron de quitar la estatua de Colón; en Perú una de Pizarro. La estatua de Belalcázar está sobre un sitio sagrado y no deberían ponerla una vez más en el mismo lugar: es un reto contra los indígenas y no se van a cansar de tumbarla. Debería ir a un museo cerrado –histórico– en Popayán”, dice la maestra Beatriz González.

Miguel Ángel Rojas

“Es una acción simbólica importantísima en Latinoamérica. Pero importantísima. Porque es el primer símbolo de un descontento que tiene cinco siglos o más –dice el artista Miguel Ángel Rojas–. Una acción muy valiente que puede iniciar una etapa de dignificación no solo de las culturas aborígenes andinas, sino de las de toda América. Y además, que hayan hecho un juicio antes me parece muy cuerdo. Que lo hayan tildado de genocida, de esclavista y de ladrón de tierras, es apenas justo”.

Nohemí Pérez

Para la artista Nohemí Pérez, lo hecho por los indígenas está lejos de ser vandalismo. Lo ve como un acto performático realizado por la comunidad en busca de que se reescriba su historia. “Y eso es lo interesante: que lo hicieron ellos, no los artistas –afirma– . La historia siempre nos ha vendido que los conquistadores llegaron a ‘civilizarnos’, pero ellos arrasaron culturas. La estatua representa esa historia, ese héroe que llegó a traernos un nuevo idioma, que conquistó”. Pérez no considera que ahora deba empezarse a tumbar todo, pero sí define el acto de los Mizak como algo hecho en todo su derecho: los indígenas están reclamando la posición que les corresponde en la sociedad.

Estatua de Fory
El artista Nelson Fory interviene al Belalcázar. Foto: cortesía de artista

Carlos Jacanamijoy

Por su parte, Carlos Jacanamijoy considera que es un llamado a un diálogo que nunca se ha tenido. No se trata de un acto que deba ser juzgado ni visto como una reacción violenta. “Acto de violencia fue lo que hicieron los señores que están ahí en las estatuas, lo que representa la estatua –afirma–. Yo creo que ya es hora de que, fuera de tumbarlas, también se cuente la historia bien contada. Que yo recuerde, desde que entré a párvulo, no nos han contado nuestra historia como se debe. Es un reclamo que lleva más de quinientos años. Lo que hicieron los Mizak es enviar un mensaje al mundo”.

Mauricio Uribe, experto en temas patrimoniales

A su turno, Mauricio Uribe, experto en el tema y exdirector del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de Bogotá, cree que en este acto confluyen las tres miradas que se le podría hacer a este acto: un acto de justicia histórica, un acto de vandalismo y un acto hasta de ‘performance’ artístico.

“Yo creo que esto es una reacción a la complejísima situación social del país y del Cauca. Creo que lo que pasó es una advertencia de los anhelos y de las necesidades que tiene la comunidad indígena en el Cauca. Pero lo que también creo, es que es delicado juzgar la historia con la óptica actual. Entonces, lo que me parece es que hay que reflexionar. Y esto que pasó es una inmensa oportunidad para hacer un gran diálogo intercultural. Creo que lo que debería pasar en ese sitio en un futuro cercano es que se piense el lugar como un espacio de diálogo que represente lo que de verdad somos como colombianos,  es decir,  una amalgama cultural”.

Uribe considera, sin embargo, que las imágenes son “muy fuertes”, pues se trata de tumbar una escultura que ha estado por 80 años en ese sitio. “Aunque lo que tengo entendido es que en ese sitio no estaba prevista esa escultura. Entonces, de pronto desde ahí comienzan los problemas. Debemos pensar no en cambiar la historia, pero sí la forma de contarla”.

Finalmente, recuerda que este fenómeno, que es mundial, debe ser analizado con detenimiento, pues estas esculturas tienen un trasfondo importante histórico. “Estas esculturas que no solamente están en Popayán sino en todo Colombia invitan a una reflexión cuidadosa. Las esculturas romanas, por ejemplo, también están en los espacios públicos. El Marco Aurelio, que está en la plaza del Campidoglio de Roma, el original está guardado en un museo por conservación, porque es un bronce de dos mil años, pero la copia está todavía presente en la plaza que diseñó Miguel Ángel”.

María Belén Saénz de Ibarra, directora de Patrimonio de la Universidad Nacional

“Es una acción tremendamente significativa desde el punto de vista de la memoria. Hoy en día se considera que no solamente erigiendo un monumento se puede configurar la memoria: la conmemoración también se configura destruyendo los monumentos realizados en el pasado desde una visión de la historia oficial, autoritaria, que se escribe desde arriba y se impone como verdad. Así que es legítimo destruirlos o alterar su materialidad. Esto se ha visto mundialmente. Es un recurso que tienen los ciudadanos para participar en el entramado de la historia, es una manera democrática de integrarse en la construcción de esa memoria. Esto es lo que llama la historiadora Mechtild Widrich “monumentos performativos”, que se dan en el espacio publico y cuya conmemoración se realiza desde los gestos de la gente,  y que luego circulan en su registro en las redes y en los medios de comunicación frente a una audiencia, que la incorpora a la vida social. Son actos pacíficos de la expresión democrática. Los monumentos deben ser resignificados si es necesario, porque de eso se trata la memoria: es un proceso donde siempre se mira el pasado desde el presente, en el aquí y en el ahora, para reescribir la Historia y cambiar o detener la injusticia de su opresión, en las voces de los que muchas veces ha sido acallado como es este el caso de los indígenas. Son actos del libre ejercicio político de una comunidad”.

Carmen Vásquez, ministra de Cultura

“Los monumentos públicos son un museo abierto , que le pertenece a toda la comunidad y son obras de arte a las que todos tenemos acceso gratuito. Hacen parte del patrimonio cultural mueble de la Nación y por ello todos tenemos el deber de protegerlos y conservarlos. El Ministerio de Cultura como rector de la política pública de protección y salvaguarda del patrimonio material e inmaterial de nuestro país, lamenta y rechaza los actos violentos a la estatua de Sebastián de Belalcázar en la ciudad de Popayán. Por tal razón, le hemos comunicado al Señor Alcalde de Popayán que lo acompañaremos en la restauración de este monumento. Hacemos un llamado a toda la comunidad a manifestarse de forma pacífica sin afectar el patrimonio cultural de la Nación”, dice la ministra Carmen Vásquez.

Eltiempo.com

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