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Aceite sin Reciclar: Un Silencioso Contaminante del Planeta

Por: Juan David Palacio

Que levante la mano el que no haya utilizado aceites para preparar alimentos, pero ¿sabía que un solo litro de aceite contamina mil litros de agua? Necesitamos más reflexión y acción.

La densidad del agua es mayor que la del aceite, lo que provoca que este último flote en el agua”. Ese es el recuerdo que llega a mi mente de los primeros años de colegio cuando en una clase, una profesora acuciosa, que quería enseñarnos algo de química (posiblemente), nos explicaba que por más esfuerzos que hiciéramos estos dos compuestos no se mezclarían.

Ese día, al terminar la lección, la maestra depositó el líquido en un lavamanos. El hecho pasó desapercibido en ese momento, pero hoy lo pongo sobre la mesa para reflexionar: ¿sabía que solo un litro de aceite contamina, al menos, mil litros de agua?

Que levante la mano el que no haya utilizado aceites para la preparación de alimentos, o aceites minerales –obtenidos por la refinación del petróleo- para lubricar el cuidado de automotores o piezas mecánicas.

Es un insumo cotidiano que nos permite hacer la vida más cómoda y fácil, sin embargo, genera múltiples problemas por la falta de responsabilidad y conciencia ambiental, pues no se le da un manejo adecuado en su disposición final.

¿Alguna vez se ha preguntado dónde debe finalizar el aceite que extraen de su vehículo o motocicleta? O ¿qué sucede con los aceites que sirvieron para freír las papas que se consumen en restaurantes de cadena? ¿O con los que nutren nuestra cultura gastronómica en la que priman los fritos, como los chicharrones, patacones, empanadas, arepas de huevo y carimañolas, entre muchos otros?

Lo primero que debo advertir es que es un insumo altamente contaminante. Y no busco satanizarlo, pues puede ser necesario en nuestras dietas y procesos industriales, pero sí es oportuno hacer pedagogía porque ahora mismo -en gran parte del planeta- se derraman excedentes de este compuesto sobre la tierra o se tiran por un sifón de cañería llevándolos hasta los ríos y mares, impactándolos negativamente de manera indiscriminada.

El contacto del aceite sobre los suelos los vuelve estériles: mata la posibilidad de cultivar y generar vida y alimentos, pues impide su oxigenación. La suerte del agua no es mejor: reduce su oxigenación y calidad, pone en riesgo a la fauna (en especial la marina) y todas las formas de vida que tienen contacto con la mezcla.

Es por ello que debemos saber que hay formas posibles y fáciles para evitar los impactos negativos en el medioambiente. Por ejemplo: en el taller que retiran el aceite de su automotor tienen la responsabilidad de recolectarlo de manera adecuada para darle un segundo uso, usted puede asegurarse de que lo hagan y lo entreguen a una empresa que tenga la capacidad de transformarlo.

En su casa puede reciclarlo en un recipiente que permita almacenarlo para luego llevarlo a un punto de entrega determinado para ese fin, pues el aceite de cocina permite la producción de biodiésel -que sirve para mitigar la dependencia de combustibles fósiles-, también puede convertirse en jabones y velas. Esta acción, además, evitaría la afectación de las cañerías porque muchas veces el exceso del compuesto se convierte en tapones que obstaculizan la circulación del agua.

Que el inicio de año sea la oportunidad para establecer, dentro de los propósitos de cambio, tener mayor consciencia y responsabilidad ambiental, porque hacer modificaciones en nuestros hábitos cotidianos significa prolongar nuestra vida y la del planeta.

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